Blog dedicado a publicar traducciones al español de textos, vídeos e imágenes en árabe sobre la revolución siria.

El objetivo es dar a conocer al público hispanohablante al menos una parte del tan abundante material publicado en prensa y redes sociales sobre lo que actualmente acontece en Siria. Por lo tanto, se acepta y agradece enormemente la difusión y uso de su contenido siempre y cuando se cite la fuente.

miércoles, 7 de agosto de 2013

Un ex emir de Al Nusra vuelve a ser profesor



Texto original: NOW

Autor: Doha Hassan

Fecha:06/07/2013





“Juro obedeceros en todo momento, en situaciones favorables y adversas, y en todo lo que venga; y juro también no enfrentarme a nadie por el poder si no ha hecho gala probada de su herejía, tal y como ordenan el Corán y la sunna”. Apenas hubo terminado de decir esas palabras ante el emir del Frente de Al Nusra, “Abu Asyad” se convirtió en un luchador en sus filas. Posteriormente fue nombrado emir e las Brigadas de Jaled Ibn al Walid, que se concentraban en la zona rural de Raqqa antes de la liberación. Así de simple fue la transformación de Abd Al-Basit Hussein, profesor de matemáticas, en un activista, un manifestante y un emir del Frente de Al Nusra.

Los sueños de Hussein no superaban los muros de la escuela en la que enseñaba y su pequeña familia que había comenzado a conformarse tan solo un año antes de la revolución. Cuando comenzaron las manifestaciones en Raqqa, estuvo entre los primeros participantes, junto a su mujer y su hijo pequeño, que no llegaba al año, y que fue requerido para un interrogatorio junto a su padre. Un agente de seguridad lo había fotografiado a hombros de este intentando gritar en la manifestación.

La entrada de Hussein en la cárcel abrió una brecha en su relación con la mayoría de los que le rodeaban tanto en el barrio como en la escuela. El trato de los alumnos y sus familias cambió hacia quien consideraban en aquel entonces una amenaza para su seguridad, o un traidor para los que pertenecían al régimen, como dice “Abu Asyad”. Así, se vio obligado a impartir solo la asignatura de informática, en un intento de evitar mezclarse con la gente de la escuela. Los alumnos que tenían clases particulares con él las abandonaron.

Antes de que las fuerzas del régimen salieran de Raqqa, Abd Al-Basit Hussein estaba en la lista de buscados por la seguridad. Su inclusión se produjo tras la explosión de un autobús que llevaba a un grupo de shabbiha, pues su amigo, que hacía con él los explosivos, había proporcionado cierta cantidad a los que llevaron a cabo la acción. Abu Asyad cuenta que los servicios de seguridad llamaron a su hermano para que les dijera dónde se encontraba. Cuando aseguró desconocer su paradero, le informaron de que “me devolverían a mi familia en cuatro trozos si me cogían”.

Abu Asyad se unió al ESL para convertirse en un combatiente. El uso de las armas no era nuevo para él porque había aprendido a utilizar fusiles en el cuartel de estudiantes durante la escuela, donde montar y desmontar un fusil checo y saber apuntar con él eran lecciones que formaban parte de la educación militar en secundaria y bachiller.

Abd Al-Basit se dirigió a la frontera y trabajó con el ESL ayudando a los refugiados sirios a llegar al lado turco. También le encomendaron la tarea de perseguir a los traficantes. Pero al poco tiempo, sintió que la mayor parte de lo que hacía era “perseguir a los traficantes que en realidad son gente de la zona, y que realizaban el mismo trabajo que habían estado haciendo antes de la revolución”. Por ello, no estuvo allí más que 15 días.

Abu Asyad luchó en varias brigadas. En un primer momento, con la Brigada de los Halcones de la Sunna, para pasar después a la Brigada de Moawiya ben Abi Sufyan. Después se convirtió en combatiente de la Brigada Osama ben Zayd, que pertenece al Batallón de Qassam y terminó finalmente en emir de las Brigadas de Jalid Ibn Al-Walid, que es una de las brigadas islámicas radicales. Y añade: “Soy una persona religiosa desde antes de la revolución. El hecho de que me uniera a brigadas radicales no ha cambiado eso, y sigo queriendo estar con ellos, porque son las brigadas más honestas y además la mayoría de brigadas islámicas construyen cuarteles de entrenamiento. Es ahí donde se jura obediencia, pero no deja de ser una opción a la que no se obliga a nadie y yo juré mi obediencia al Frente de Al Nusra en su momento”.

Abd Al-Basit ha librado muchas batallas militares contra el ejército del régimen y se despoja de su identidad civil cuando habla de los combatientes en sus brigadas como un líder orgulloso: “La mayoría tiene un corazón de hierro a pesar de las circunstancias y el peligro, y no se les ponía más que una condición para alistarse en las brigadas de las que estaba al mando, porque no realizar dicha obligación retrasa y debilita la victoria”.

La libertad de Raqqa liberó a Abu Asyad: el hombre de trienta años y barba recortada por el peso de las armas retiró su obediencia a Al Nusra, dejó las brigadas armadas y regresó a las filas civiles, para fundar con un grupo de profesores la Unión de Profesores Libres, porque cree que “ya no hay ninguna necesidad de portar armas dentro de la ciudad una vez liberada, llevarlas en una zona de tales características supone actuar como un mismísimo shabbih. Hemos de volver a nuestros roles anteriores en esta etapa”.

Hoy, los profesores de Raqqa y entre ellos Abu Asyad, han fundado la Unión de Profesores Libres, y han realizado los exámenes en coordinación con otras zonas liberadas en veinticuatro centros. Abu Asyad llama la atención sobre el hecho de que la Unión incluye a profesores y profesoras “que enseñan de forma voluntaria” y “convocaremos los exámenes de acceso a la universidad pronto porque nuestro deber como profesores es dar a los jóvenes la posibilidad de continuar sus estudios a pesar de la situación”.

Los Profesores Libres han eliminado la educación militar y la asignatura de nacionalismo, además de los “logros de la familia Asad”, que han sido borrados de los libros de historia. Todo ello bajo supervisión de un comité especializado de antiguos profesores. “Abu Asyad” habla de “convocar los exámenes a pesar de las dificultades a las que nos enfrentamos, ya sea porque algunos que apoyan al régimen han asustado a las familias para que no lleven a sus hijos a la escuela porque el régimen bombardea las zonas de concentración de gente, ya por dificultades económicas, pues nadie nos ayuda, ni siquiera la CNFORS”.  

Tal vez no podamos extender el ejemplo de Abd Al-Basit “Abu Asyad” a todo el mundo, pues algunos pueden rechazar despojarse del dominio de las armas, otros pueden no estar de acuerdo con el concepto de Estado Islámico, y puede que algunos se hayan hecho adictos a la guerra y su fuego. Pero estamos ante el ejemplo vivo de un hombre que vivió la revolución en todos sus estadios, desde los gritos pacíficos hasta la banda negra sobre la frente, y que volvió a la opción civil. Hay muchas posibilidades ante las zonas liberadas: los islamistas radicales, los secuestros, los latigazos, las concentraciones de jóvenes del movimiento civil contra el Frente de Al-Nusra y el Estado Islámico de Iraq y Siria, el apoyo que han perdido algunas partes de la oposición política oficial de cara a la infraestructura (social)... Todo ello pone a Raqqa y el resto de zonas hoy un difícil camino sin horizonte hasta el momento.

martes, 6 de agosto de 2013

Yusuf Abdelaki: Siria en blanco y negro



Texto original: Al-Quds al-Arabi

Autor: Elías Khoury

Fecha: 05/08/2013


¿Cuál es la diferencia entre la detención y el secuestro?

Esa es la pregunta que Yusuf Abdelaki nos devuelve desde el lugar en que se encuentra en Siria. No podemos decir que Yusuf sea un preso, porque no sabemos dónde está retenido ni la acusación dirigida contra él. Lo único que sabemos es que los servicios de seguridad sirios lo han secuestrado junto con dos amigos, y que el destino del gran artista sirio sigue siendo desconocido. ¿Acaso lo han detenido por firmar manifiestos contrarios al régimen despótico de su país y por ser un activista del movimiento pacífico contra la dictadura? ¿O tal vez ha sido por ser un dibujante cuyos cuadros pintaban elocuentemente el dolor volviéndose cada pintura un grito que sale de lo más profundo y convirtiéndose la pintura en blanco y negro en un signo del absurdo de la dictadura?

Todo lo que sabemos es que es un artista que ha desaparecido, y que el régimen que lleva dos años y cinco meses librando su salvaje lucha contra el pueblo sirio, ha decidido romper el pincel del artista, del mismo modo que intentó romper los dedos del caricaturista Ali Ferzat y arrancó la garganta de Ibrahim Qashoush antes.

Hablamos del secuestrador como si fuera un régimen político con el que los llamamientos sirven de algo, cuando eso no es cierto. Siria lleva cuatro décadas gobernada por una tropa semejante a la mafia. Esta tropa ha dirigido el país por medio del asesinato, el secuestro y la siembra del terror, echando por tierra todas las leyes y colocándose sobre la cumbre de la masacre. Se ha dedicado a asesinar, exiliar y arrasar con el objetivo de adoctrinar al pueblo sirio y domesticarlo para convivir con la humillación y el miedo. Desde la masacre de Hama en 1982, hasta la terrible cárcel de Tadmor, creó jaulas para el pueblo teñidas con la sangre de las víctimas. Y cuando estalló la revolución siria en marzo de 2011, esta banda se convirtió en una máquina de matar insaciable.
 
Esta máquina ha secuestrado al gran artista Yusuf Abdelaki, y lo  ha puesto en alguna cárcel, en algún lugar, para encadenar el cuadro. Yusuf Abdelaki, en su celda -o algo parecido-, sonríe con dolor y altanería, mientras continúa su relación con la luz y la oscuridad, y dibuja con el negro con que cubrieron sus ojos la negrura de la represión moteada por la blancura del lienzo.

Me encontré con Yusuf como historia antes que como pintor. Iba al taller del artista Émile Monem en Beirut, donde preparábamos la maqueta de la revista “Carmel”. La puerta estaba cerrada porque Émile no estaba, pero vi a una chica siria llamada Hala Abdallah sentada en el umbral visiblemente entristecida. Dijo que había venido de Damasco porque había detenido a Yusuf.

Así me encontré con Yusuf, a través de esa chica que se convirtió en su compañera de camino. Nuestro primer encuentro fue debido a la cárcel y después me encontré con él otras veces en su exilio en París. Empezó a publicar en “Al-Mulhaq” (El apéndice), donde yo trabajaba, sus grandes dibujos caricaturescos. Y hoy me encuentro de nuevo con él, mientras recupera la historia de cárcel con su patria, y sigue su lucha por medio del pincel, manteniendo su postura contra la oscuridad de la dictadura. Lo raro es que ni un solo día me he preguntado por su arte, ni por la escuela artística a la que pertenece. Sus dibujos nos llegaban listos a modo de piezas artísticas sorprendentes, como si siempre estuvieran ahí, sin necesidad de preguntarles nada. Ellos eran la cuestión que nos sorprendía con su sencillez, profundidad y capacidad de filtrarse en lo más profundo de nuestro corazón y nuestra existencia.

Sus peces muertos con las cabezas cortadas, el clavo que se hunde en la madera, el cuchillo  tras degollar un pájaro, una lata de sardinas o esos cerebros desnudos conformaban una extraña mezcla de realidad que llevaba su realismo al extremo, librándose de la prisión de la realidad y convirtiéndose en una llamamiento de posibilidades inagotables. Se metían en nosotros y se levantaban como espejos ante nuestras almas que permanecían en un estado entre el shock y el dolor.

Nada se parece a ese dolor sirio que la pluma de Yusuf Abdelaki dibujó más que al dolor mismo. Nada se eleva por encima de esta frialdad dibujada en blanco y negro… Una frialdad salida del hielo de la represión, y que ofrece el testimonio más elocuente del poder de la vista de convertir la pesadilla siria en cuadros dibujados con carbón.

Los colores no están ausentes en la pintura de Abdelaki, pero se difuminan en la coloración del negro y el gris, quedando el color insertado en el no-color, igual que la vida nace de la muerte.

Nunca le pregunté por el arte que producía, pues esta nació en un lugar oculto conformado por el silencio, y brotó de pronto como si hubiera nacido así, completa, y no necesitara explicación. 

Un arte que no necesita explicación porque nos ofrece múltiples posibilidades de interpretación. Ahora he comprendido que Yusuf Abdelaki no dibujó más que para convertir el dolor en un grito desnudo que no pide que nadie le rescate.

¿Preguntamos por qué secuestraron a Yusuf Abdelaki o preguntamos a Siria hasta cuándo van a seguir muriendo y siendo secuestrados sus hijos e hijas? ¿Hasta cuándo podrá seguir la dictadura deleitándose?

Cuando me encontré por primera vez con Yusuf era un luchador por la libertad en su país y en el mundo árabe. Cuando nos encontramos en el momento de su secuestro seguía siendo un luchador por el mismo objetivo. Y mañana, cuando Yusuf y su pueblo se liberen de los ogros, nos encontraremos de nuevo con él y será como acostumbra un luchador, un artista y un ser humano. Y entonces, veremos a Siria dibujada en blanco y negro, mientras nos descubre sus colores, y veremos en las pequeñas diferencias del color único posibilidades incontables de color.

Libertad para Yusuf Abdelaki, porque es hijo y creador de esa libertad.

miércoles, 31 de julio de 2013

El puente estrecha el cerco a los refugiados


Texto original: Al-Modon

Autora: Farah Qubaysi

Fecha: 28/07/2013


 
Bajo el puente de “Cola” (Beirut), varias familias sirias duermen en el suelo, mientras las instituciones de Seguridad, los ministerios y algunos medios dicen que la mayoría de las familias son “beduinos” y “gitanos” que “se aprovechan de la situación de asilo de los sirios”, como si eso justificara el hecho de no responsabilizarse de ellos. Entre las familias, hay quien ha venido de Latakia, de Alepo, e incluso de Bab al-Tabbane en Trípoli (Líbano), personas que abandonaron sus aldeas a  la fuerza para buscarse un espacio en esta zona. Familias, conformadas por ancianos y jóvenes, niños y mujeres, que trajeron consigo en la maleta historias de una enorme desgracia humana para repartírselas bajo un mismo puente.

Hace apenas dos semanas, eran centenares los que dormían sobre la acera bajo el puente. Gracias a los “esfuerzos” del ayuntamiento de Beirut, y la coordinación con las fuerzas de seguridad, la zona fue desalojada, exceptuando a algunos recién llegados y alguna familia, que se afanan en eludir las rondas de los agentes de seguridad para conseguir unas pocas horas de descanso bajo el puente antes de que se les eche, para volver de nuevo a instalarse.

El fenómeno de los desplazados bajo el puente de “Cola” no es nuevo, pues algunos de los que acostumbran a pasar por la zona recuerdan bien al hombre de cincuenta años que utilizó durante años el puente como casa, y que se negaba a mudarse a una residencia por orgullo propio, como solía decir. Hoy, el puente se ha convertido en refugio de decenas de personas y familias sirias ante el incesante flujo de refugiados a Líbano. Las cifras oficiales del Alto Comisionado para los Refugiados de la segunda semana de este mes, indican que el total de desplazaos sirios que reciben ayuda de dicho organismo y sus socios es de 604.000 (más de 517.000 registrados y 87.000 que esperan serlo). Los que están registrados se reparten actualmente por el norte de Líbano (35%), la Bekaa (34%), Beirut centro y sur (18%) y el sur de Líbano (13%), pero los que viven bajo el puente de Cola no son registrados por el Alto Comisionado para los Refugiados, ni han visto del Estado libanés más que sus brazos de seguridad que se dedican a echarlos del lugar.

“Lo más barato son $40 en un hotel por noche, ¿de dónde los voy a sacar? Los policías nos persiguen como si fuéramos criminales. ¿Dónde vamos a ir?, pregunta Ahmad, uno de los refugiados bajo el puente de Cola. A su lado, está sentado Nassuh, que vino con once de sus hijos desde Latakia a Cola hace dos días, tras perder su fuente de ingresos. Trabajaba fabricando prótesis dentales “de cromo y platino”- dice-, profesión que heredó de su padre. “Tuve que marcharme de Siria, no voy a dar tierra para comer a mis hijos”, dice el que ha venido por primera vez a Líbano. Nassuh no puede pagar una habitación donde alojarse. Buscó en la zona de Awza’i, y se encontró con que por una “habitación en la que solo entraba un retrete” debía pagar $300 de alquiler mensual. Así, se fue con su familia a refugiarse en la acera. “Si hubiera tenido trabajo en Siria, me habría quedado: hoy me cuesta no afeitarme la barba, cuando antes lo hacía a diario”. Nassuh se pasa el día sentado bajo el puente, no pide nada a nadie, solo que las partes a quienes les concierne el asunto en las instituciones, el gobierno y la ONU se preocupen por sus hijos. Esas familias se quejan en  su mayoría de la negligencia y repiten, y al contrario de lo que dijo el ministro de Asuntos Sociales, Wael Abu Faour sobre que las familias supuestamente se niegan de entrada a recibir ninguna ayuda, que nadie les ha visitado, ni asociaciones ni organismos de ayuda.

Sabah, por ejemplo, una mujer que vino de Damasco hace siete meses y que se refugia bajo el puente desde hace tres semanas, no tiene más que un trozo de cartón sobre el que sentarse y dormir. No puede moverse debido a que sufre una parálisis en las piernas y su mano izquierda. Entre las familias sirias exiliadas, ha encontrado quien le haga compañía, reduzca su dolor y se encargue de su enfermedad. Muhammad, su vecino, se la ayuda a ir al baño del aparcamiento cercano. Sabah no quiere más que poder caminar de nuevo, lo que exige 50 sesiones de terapia, según le dijo un médico de un hospital de Beirut, que no puede pagar: “No quiero que me curen la mano, solo quiero caminar, para no ser una carga para la sociedad”, dice.

Pero de la enfermedad es de lo que menos se quejan. De más de una boca hemos oído cómo han sido víctimas de ataques de “delincuentes” y de cómo les han robado a punta de cuchillo lo que habían reunido a lo largo del día, unas mil libras (50 céntimos de euro), o la comida que alguien solidario les había repartido. “¿A quién nos vamos a quejar?”, pregunta Muhammad. “Estamos atrapados entre los criminales y la persecución de las fuerzas de seguridad”, añade.

Una fuente en el ayuntamiento de Beirut ha declarado a Al-Modon que las fuerzas de seguridad han comenzado a llevar a los sirios que están bajo el puente que se extiende desde Cola hasta Salim Salam, a un centro que reúne a los refugiados sirios en Alia, sin dar más explicaciones. La misma fuente ha informado de que las rondas de los servicios de seguridad tienen como objetivo que no se formen más aglomeraciones en la zona. Hasta el polvo y la tierra de las aceras bajo el puente cierran el cerco a los sirios en Líbano.

sábado, 27 de julio de 2013

La balcanización de Siria



Texto original: Al-Modon

Autor: Yassin Swehat

Fecha: 26/07/2013

"No todos los enemigos de mi enemigo son mis amigos,
el Estado Islámico de Iraq y Siria como ejemplo"
(Comités de Coordinación Local, Duma, 19/07/2013)

Los crecientes enfrentamientos en el noreste de Siria abren un nuevo capítulo, que puede ser el más largo y peligroso, entre los kurdos y los árabes. Las luchas se están librando entre las Fuerzas de Defensa Popular, que pertenecen al Partido de la Unión Democrática Kurda –rama siria del Partido de los Trabajadores del Kurdistán- y grupos armados kurdos por un lado; y el Estado Islámico de Iraq y Siria (Da’esh) y otras brigadas y batallones islámicos por otro. Estos enfrentamientos comenzaron hace meses en varios puntos de las zonas rurales del norte de Hassake, para volverse más intensos en las últimas dos semanas, con la extensión del dominio de las fuerzas kurdas sobre Ra’s al-Ayn. Con el traslado de los enfrentamientos directos a Tel Abyad, el centro del área rural meridional de Raqqa, no parece que esto vaya a terminar. La situación sobre el terreno indica que ninguna de las partes es capaz de vencer a la otra, y que no hay posibilidad de llegar a una solución política intermedia, teniendo en cuenta, en primer lugar, que ambos contendientes no hacen caso de los políticos y tampoco cuentan con ellos, y en segundo lugar porque no hay ningún mediador capaz de reunir una mesa de diálogo seria.

La Coalición Nacional, y con él los líderes del ESL, se han limitado a emitir un comunicado que previene contra dichos enfrentamientos y los califica de “lucha fratricida”, y considera que los mismos son “alimentados por el régimen criminal principalmente, y que por desgracia algunos caen en ellos por consideraciones políticas o por intereses inmediatos y a corto plazo arrastrados por algunos individuos y grupos o movimientos que portan ideas y agendas que se ajustan a sus aspiraciones e intereses exclusivamente, o algunos grupos desorganizados cuyas ideas son ajenas al pueblo sirio”. La realidad apunta a que un comunicado como este es lo máximo que estas dos partes pueden hacer en el marco de su inexistente peso en la zona de la Yazira siria, y la ausencia de un mecanismo de presión (o incluso de comunicación) sobre las partes contendientes que se reparten la fuerza militar influyente en las zonas liberadas de la Yazira.

Estos enfrentamientos reflejan la lucha entre dos proyectos de entidades que aspiran a imponerse por la fuerza. El Partido de la Unión Democrática Kurda propuso, hace unos días, un proyecto de Constitución para las zonas bajo su dominio para conformar un autogobierno. El Estado Islámico de Iraq y Siria, que nació de las diferencias entre los líderes del Frente de Al-Nusra y el Estado Islámico de Iraq está adquiriendo cada vez más influencia a costa del Frente de Al-Nusra y propone un corte total con los métodos del Frente en medio de una confusión política, anunciando sin ambages su avidez de poder en las zonas en que se encuentra, y de dominar las sociedades que ahí viven. Se habla mucho en los medios de comunicación y en los círculos políticos de la posibilidad de que esta organización anuncie la creación de su propia entidad en las próximas semanas. “Da’esh” goza de buenas relaciones con las brigadas islámicas sirias, como Ahrar al-Sham, pero el futuro de estas relaciones, que hasta ahora se han limitado a la coordinación militar contra las milicias kurdas, no está claro mientras la sed de poder y dominio de “Da’esh” aumenta.

La falta de confianza mutua -por desgracia- entre los actores políticos opositores árabes y sus homólogos kurdos, ha complicado el derribo del gran muro de separación esencial y cultural entre ambos, pues las acusaciones de arribismo y de que los kurdos han ido en todo momento a obtener logros nacionales se enfrentan en contrapartida a un discurso radical kurdo contrario a todo lo árabe-islámico que culpa a los árabes (todos los árabes) de la injusticia cometida contra los kurdos durante décadas, y ve en los islamistas una nueva cara de ese aflaqismo [1] de cuya discriminación han sido víctima. Una voz que demoniza al otro, que domina cualquier discurso, lleva a un escenario demente: que los activistas kurdos, que han sufrido la persecución y represión de las milicias kurdas de Defensa Popular (que no quieren que se les llame “shabbihas kurdos”) intercambien acusaciones e insultos con los activistas árabes que se oponen al proyecto de “Da’esh” con ferocidad y que luchan contra él.

Es un paso más hacia la total “balcanización” de Siria, y llega justo en los días en que se celebra el décimo octavo aniversario de la masacre de Srebrenica en Bosnia… ¿Se hará un verdadero último esfuerzo por no seguir ese camino suicida?

[1] Relativo a Michel Aflaq, fundador del Baaz.