Blog dedicado a publicar traducciones al español de textos, vídeos e imágenes en árabe sobre la revolución siria.

El objetivo es dar a conocer al público hispanohablante al menos una parte del tan abundante material publicado en prensa y redes sociales sobre lo que actualmente acontece en Siria. Por lo tanto, se acepta y agradece enormemente la difusión y uso de su contenido siempre y cuando se cite la fuente.

martes, 10 de septiembre de 2013

La necesidad de extirpar un cáncer

Aunque las opiniones son diversas, como hemos intentado constatar en este blog, desde Kafranbel nos llegaba un mensaje sobre el ya prácticamente improbable golpe:

"Un cáncer se ha expandido por nuestro cuerpo 
durante cuarenta años y lo ha destrozado en los últimos dos.
Extirparlo desde la raíz no nos hará daño: aunque provoque muerte, viviremos".
(La revolución siria, Kafranbel, 20/08/2013, Dios nos dará la victoria)

domingo, 8 de septiembre de 2013

Mi patria me duele



Texto original: Al-Quds al-Arabi 

Autor: Elias Khoury

Fecha: 02/09/2013



Quizá la mejor manera de describir la situación actual en Siria sea esa expresión que utilizó un amigo palestino por teléfono. Dijo que estaba cansado y que sentía un dolor muy fuerte en sus miembros. Cuando le recomendé que consultara a un médico, se rio amargamente y dijo que no podía, porque lo que sentía no estaba en el vademécum. Cuando le pregunté por la naturaleza de ese dolor, dijo que es un tipo de dolor que se extiende por cada rincón del cuerpo, especialmente en la cabeza y los ojos. Dijo que el dolor ocular era el más terrible y se sentía incapaz de abrir los ojos porque la luz los quemaba como si fueran chispas. Entonces pronunció la expresión que se quedó grabada en mi mente: “Mi patria me duele”.

“¿Cómo?”, le pregunté riendo y burlándome de tan romántica metáfora que bien serviría para un melodrama sobre la “primavera árabe”. Cuando no escuché respuesta alguna al otro lado de la línea, yo también comencé a sentir ese dolor ocular y mi cabeza se convirtió en un bloque hinchado capaz de estallar, y ya no pude seguir hablando, como si estuviera viviendo una comedia negra. Colgué el teléfono y me invadió el dolor. ¿Qué significa que te duela tu patria? Padecemos de la ocupación y de la dictadura, algo normal que es un aliciente para luchar por la justicia. Pero que la fuente del olor sea la propia patria, nunca se me había ocurrido. ¿Cómo puede una idea abstracta convertirse en una realidad sensorial y tangible? Intenté resolver el enigma de esta metáfora pero no pude. Llamé a mi amigo palestino, poco después de que Obama anunciara que retrasaba su golpe contra Siria, para intentar comprender qué quería decir.

Le pregunté por su dolor, pensando que debería estar mejor, porque cuando comenzó a difundirse la historia del ataque estadounidense me había dicho: “No se puede pedir merced a los lobos” [1]. Le dije que los lobos estaban ahora dubitativos y que parecía que no había merced, y me dijo que la cuestión no tenía nada que ver con el lobo estadounidense, sino que era un problema nuestro en primera instancia. Dijo que el crimen químico que el régimen sirio había cometido no podía perdonarse y que la respuesta a tal salvajismo debía adoptar la forma de la caída final de este régimen salvaje y dictatorial. Pero los sirios no deben esperar nada de Occidente. “Escucha amigo, hay más de 100.000 muertos en Siria hoy, pero su sangre no ha movido ni una sola conciencia, más aún, esa sangre ha dado un pretexto a las fuerzas que se parecen a este régimen en salvajismo para entrar en Siria y destrozarla bajo la cobertura árabe y turca”. No culpo a EEUU o a los árabes del petróleo, porque ellos protegen sus intereses, como tampoco se puede culpar al régimen despótico, pues este régimen que erigió sus muros con la sangre de los sirios y las sirias, se comporta como le dicta su bagaje criminal. Igualmente, la masacre química no es nueva para el bagaje baasista, pues Saddam Hussein ya había utilizado tales armas en Iraq, sin ninguna reacción humana de Occidente, en su intento de que su régimen se mantuviera en su estúpida guerra con Irán.

“Consideras que el verdugo y su víctima son iguales”, le dije. “De ninguna manera”, me respondió. “Estoy comparando a dos verdugos, mientras que la víctima –el pueblo sirio- merece que nos arrodillemos ante sus ingentes sacrificios y heroicidades”.

¿No lees lo que se escribe en la prensa occidental? Es natural que EEUU dude, porque los estadounidenses piensan y tienen razón, que nadie en Siria está con ellos. Escuchad bien, porque los intereses estadounidenses en la zona se resumen en dos puntos: Israel y el petróleo. Siria no tiene nada que ver con el expediente del petróleo, pero ¿puede alguien asegurarles a los estadounidenses que cualquier nuevo régimen sirio no intentará liberar el Golán y no se verá al final enfrentado a las políticas estadounidenses?  Naturalmente nadie puede garantizar eso, pero ¿por qué queréis que EEUU ayude al pueblo sirio? Mi amigo dijo que nosotros somos la causa de ese dolor, basta con echar un vistazo a las oposiciones sirias para sentir tristeza. ¿Qué es esto? ¿No les da vergüenza? ¿Qué extrañas formaciones son esas que se han permitido a sí mismas encubrir con su silencio a Al-Nusra y al Estado Islámico de Iraq y Siria? ¿No saben que quien ayuda a Al-Qaeda con dinero, gas y armas quiere acabar con Siria y conforma la otra cara del Baaz y sus aliados radicales iraníes y libaneses que luchan a su lado? Mi amigo dijo que lo que llama dolor de la patria es esta ocupación política y moral en las filas de una parte de la élite siria que se encuentra en la primera línea del liderazgo televisivo de la revolución. Se sientan sobre sus traseros dejando el terreno a los islamistas extremistas, pensando que EEUU derrocará al régimen y les entregará el poder en Siria sobre una bandeja de petrodólares.

Le dije a mi amigo que estaba siendo cruel con la revolución siria porque ignoraba la lucha de miles de luchadores y luchadoras sobre el terreno, que intentan construir una acción popular como alternativa al régimen dictatorial. Me dio la razón en ese punto, pero lo que teme es que los esfuerzos de esos luchadores se pierdan y que Siria se convierta en un campo abierto a una guerra regional e internacional, haciendo terriblemente difícil salvar a la patria.

Le dije que hablaba así porque era palestino, y que los palestinos temen que su causa sea marginada en medio de una realidad árabe convulsionada. Dijo que el dolor por su patria palestina era el mayor dolor. Dijo que no quería hablar de Palestina ahora porque la tristeza lo destrozaba ante la escena del dueto Ariqat-Livni y la manera en que los servicios de seguridad palestinos se comportan, reprimiendo las protestas contra las negociaciones. Dijo que su patria le dolía, y que no podía dejar de entristecerse por todo el Bilad al-sham (la Siria histórica), al verla en medio de la destrucción de la muerte y ver cómo los niños sirios son exterminados con armas químicas.

Me preguntó si en Líbano habíamos encontrado una medicina para el dolor de la patria, y le dijo que la nuestra no servía porque habíamos intentado tratarlo con el olvido y la pérdida de la memoria y que nos encontramos en un callejón sin salida.

“¿Qué debemos hacer?”, me preguntó.

“Comenzar desde el principio”, contesté.

“¿Dónde lo encontramos?”, inquirió.

“No sé, pero no debemos rendirnos a la desesperación”, respondí.

“Ni la desesperación nos quiere”, dijo.  “Tienes razón, necesitamos que el pueblo sirio haga el milagro que sirva de nuevo comienzo”, y cortó. 

[1] Literalmente, la expresión –que indica que no se puede pedir a algo o alguien lo contrario de lo que puede dar es: “No pidas que salga mermelada del trasero de una hiena”.

viernes, 6 de septiembre de 2013

El dilema occidental sobre la lucha en Siria



Texto original: Al-Hayat 

Autor: Yassin Al-Haj Saleh

Fecha: 03/09/2013



Parece que las fuerzas occidentales se enfrentan a un complicado dilema sobre cómo tratar con la situación en Siria después de la masacre química en Al-Ghoutta oriental el pasado 21 de agosto. Si se ciñen a golpes de castigo limitados a las posiciones militares del régimen es poco probable que ello provoque cambios relevantes en el devenir de la lucha en Siria. En ese caso, se juzgaría dicho ataque como ínfimo y este se volvería contra las propias fuerzas occidentales provocando un retroceso de su credibilidad que se supone que el golpe pretende salvar, pues habrían llamado la atención del mundo y hecho gala de su fuerza sin poder después provocar un efecto determinante sobre la situación en Siria. Por tanto, la credibilidad obtenida con su capacidad de disuadir al régimen la perdería en lo limitado de su impacto.

Si el golpe occidental pretende derrocar al régimen, en los cálculos occidentales, se desharán con él de un obstáculo frente a los grupos yihadistas que Occidente cree que conforman el cuerpo central de la resistencia armada en el país, lo cual no es cierto. Más aún, al margen de ser una idea que el régimen ha de dar de la revolución, la expansión de estos grupos yihadistas está ligada directamente a la inactividad internacional mientras el régimen seguí y sigue empleando la violencia y cometiendo crímenes contra sus ciudadanos rebeldes.

Parece también que las fuerzas occidentales según sus cálculos propios no puede ponerse al régimen como objetivo sin ponerse también a los grupos yihadistas, lo que implica una intervención más amplia, más larga y más costosa, y exige de dichas fuerzas un compromiso político, securitario y económico de cara a un país destrozado. Y a eso no parecen estar dispuestos tras sus experiencias en Iraq y Aganistán: lo más difícil sin duda es lograr un consenso mínimo interno sobre tal compromiso.

En resumen, no parece que haya ninguna opción fácil ante las fuerzas occidentales y su centro estadounidense. Si Occidente interviene de manera limitada, su intervención no tendrá ningún resultado, ni siquiera como medio para recuperar su supremacía. Si interviene de forma más intensa y se pone al régimen por objetivo, es preciso intervenir más y más contra los yihadistas también.

Puede decirse que las fuerzas occidentales están recogiendo hoy lo que han cosechado durante dos años y medio de abstención, y que tal abstención es lo que ha alimentado las luchas radicales y nihilistas en la sociedad siria. Durante este tiempo, su abstención ha sido realmente negativa y ha generado ambientes propicios para la llegada de yihadistas extranjeros y para la creación de yihadistas locales.

Lejos de hacer algo para reducir la presencia de corrientes yihadistas, la cosecha de la política occidental está más bien en armonía con el aumento de yihadistas y su expansión. Recordemos las peticiones de ayuda desde otoño de 2011: exclusión aérea, corredores humanitarios seguros… Después armas defensivas más efectivas. No hubo respuesta digna de mención salvo excepciones insignificantes. Una respuesta fructuosa habría reforzado las posiciones y la influencia de las formaciones opositoras menos extremistas, y habría cortado el paso a la aparición y arraigo del escenario nihilista. Hoy, con el aumento de yihadistas, parece que existe una buena justificación para que las potencias occidentales detengan una situación que habían obviado, incapaces de tomar decisiones.

La realidad es que estas opciones se reducen a una sola dividida en dos. Si el enemigo son los yihadistas, el camino correcto es rehabilitar al régimen y apoyarlo contra ellos, tal vez después de darle una lección: su permanencia a cambio de su castigo ejemplar. Ello exige poner fin a las políticas que comenzaron a materializarse al inicio de la “primavera árabe” que daban la bienvenida al cambio político en los países que han presenciado revoluciones. El cariz que están tomando las cosas en Egipto, Libia y Yemen, antes que en la propia Siria, parece que va en el sentido de revisar dichas políticas y en beneficio del apoyo a la estabilidad y las partes que la garantizan. Pero parece difícil para las potencias occidentales apostar por eso actualmente porque, por un lado, han dirigido sus políticas durante más de dos años contra el régimen y se han puesto del lado de sus opositores, y porque, por otro, ello permitiría a Irán y su agente libanés una victoria que esas potencias no están preparadas para aceptar. Si ello supone una traición al pueblo sirio y un engaño a la oposición, ¿a quién le importa?

Pero existe una opción contraria, que parte de la suposición de que el fin del régimen es el principio del fin de los yihadistas, y que Siria necesita el inicio de un Estado y de un centro nacional legítimo, hacia el que se dirijan las miradas y los esfuerzos, y que trabaje para retirar la legitimidad de las formaciones yihadistas y extremistas, y para desarrollar políticas sociales, económicas y securitarias para enfrentarse a ellos. Siria hoy no posee nada para enfrentarse a tales formaciones: solo tiene al régimen asadiano, y eso es el fin de un Estado, no el inicio. Y no es en absoluto un centro nacional general. Su permanencia, que es una continua agresión, conforma un ambiente propicio para la aparición y expansión de los yihadistas.

La suposición occidental de que el régimen es una armadura en su guerra contra los yihadistas es imaginaria y errónea: incluso si hacemos la vista gorda con las formas de connivencia y los juegos ocultos entre ambas partes, el mantenimiento del régimen es la fuente de una causa justa para los yihadistas y su razón de existir.

La política correcta, por tanto, es ayudar a que Siria se deshaga de un régimen contra el que los sirios llevan dos años y medio haciendo su revolución. Los yihadistas entraron en escena hace más o menos un año, y su papel comenzó a aumentar a los dos años de revolución y cuanto más se alargue la vida del régimen más posible es que se siga ampliando su presencia. Si se pasa la página asadiana, el ambiente político y psicológico dentro de Siria y en sus alrededores cambiará y dará paso a interacciones más templadas y menos vengativas.

Tal vez sea ya tarde para esperar resultados positivos a corto plazo, pero no habrá resultados positivos si no se marcha en esa dirección. Es preciso cambiar el modelo de política calmada y las suposiciones básicas en que se apoya: especialmente pasar de suponer que la relación entre el régimen y los yihadistas es de tipo zero-sum en el sentido de que más del régimen equivale a menos de los yihadistas, y viceversa, a suponer lo contrario: mucho régimen equivale a muchos yihadistas y deshacerse del régimen frenará su aumento y reducirá su peso.  Esa puede ser la base racional de una política diferente de la que los sirios puedan sacar provecho y con la que no se vean perjudicados los ilustres intereses occidentales.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Acróbatas en el circo de la comunidad internacional



Texto original: Al-Jumhuriyya

Autora: Nai'la Mansur

Fecha: 02/09/2013 



La mañana del 21 de agosto, salieron el padre, la madre y sus dos hijos de casa, en la ladera del monte Qassion de Damasco, sin comprender nada. No podían ni escucharse los unos a los otros por la inusual fuerza del bombardeo sobre Al-Ghoutta oriental y occidental, aunque los objetivos bombardeados los conocieron después. Los esposos se miraron mientras sus ojos decían: “He ahí los entrenamientos del próximo siglo”.

Antes del 21 de agosto

Los sirios comprendieron bastante pronto que su lucha sería larga, difícil y cruenta, y también comprendieron que deberían hacerlo todo, desde organizar su vida diaria, pasando por la resistencia al bloqueo, hasta la fabricación de armas locales. Razan Zaytoune [1] escribió en el número del mes de julio del periódico de los Comités de Coordinación Local, titulado Salimos por la libertad, que un grupo de apoyo técnico estaba trabajando para hacer llegar a otras zonas métodos alternativos para producir energía, en un intento de superar el problema de los continuos cortes de electricidad que se llevaban produciendo ocho meses en Al-Ghoutta oriental. También estaban trabajando para fabricar gas metano a partir de desechos de utensilios domésticos y para enseñar a utilizar los hornos solares y poder cocinar con la energía solar. ¿Podéis imaginarlo? ¿Podéis imaginar lo que significa difundir una cultura alternativa con valores alternativos generosos con el medioambiente bajo las bombas, la muerte y el bloqueo? ¿Podéis imaginar que algunas activistas que supervisaban este tipo de proyectos y pretendían dar trabajo a las mujeres que se habían quedado sin apoyo económico, pensaban difundir una cultura de cooperación en los mecanismos de producción y la administración de la materia que producían esas mujeres? Algunos activistas civiles cultivaban pequeñas parcelas de tierra con cosechas nuevas para la zona, y en tierra siria, pero de ciclo rápido para lograr rápidamente la harina necesaria para fabricar pan… ¿Podéis imaginar el grado de esfuerzo? Algunos activistas en el ámbito de la enseñanza alternativa en las zonas de las que habían desaparecido los rasgos del Estado central vieron cómo las escuelas que habían creado de forma improvisada eran destruidas una y otra vez por los bombardeos diarios por parte de las fuerzas del régimen. Pero las rehabilitaban una y otra vez de inmediato para poder dar clase.

Algunos médicos de algunos hospitales de campaña alrededor de Damasco trabajaban solos  unas veinte horas diarias, sin apenas ayuda, y a pesar de una escasez indescriptible de cuadros cualificados, pues la mayoría eran voluntarios de la zona, y que en general no eran ni médicos ni enfermeros. Los túneles que los revolucionarios construyeron en algunas zonas, para evitar que las fuerzas del régimen bloquearan sus zonas sorprenderían a cualquiera por el volumen de trabajo que exigían. Toda esta voluntad por crear vida y mantenerla no ha ido acompañada, ni ha sido apoyada, ni ha servido para que se fortaleciese, una actividad política del mismo nivel. Cierto es que hay un gran vacío político sobre el terreno que no atrae más que a las fuerzas takfiríes y yihadistas, y que existen una debilidad y una negligencia en la representación política de la revolución en el exterior, debido a la desertización de la vida política en Siria durante décadas… Pero la primera y obvia condición para acumular una experiencia política sobre el terreno es que el aparato de la muerte se detenga, y para que las fuerzas jóvenes sobre el terreno (las que quedan en el país) tengan un bagaje que les otorgue el derecho a alzar la voz contra las fuerzas opresoras armadas. Deben lograr aún más de lo que han logrado entre misiles y masacres. La apretada agenda diaria de los sirios, llena de masacres, les deja en una espera ambigua y poco clara de la felicidad y el fin. Es necesario que la máquina de la muerte se detenga lo suficiente para permitir a los sirios ver las alternativas revolucionarias, para que esas alternativas puedan terminar hacer su aparición en escena y reafirmarse tras la revolución, y para que los activistas revolucionarios puedan ver los frutos de lo que cosechan.

Después del 21 de agosto

Tras el 21 de agosto y el ataque del régimen contra Al-Ghoutta oriental y occidental de Damasco con gases venenosos y tras la muerte de más de 1500 personas de golpe, cualquier ser humano racional abandonaría la ingenuidad, la inocencia y la buena voluntad y comprendería que el régimen asadiano, sus aliados y sus milicias están listos para cualquier cosa. El 21 de agosto es la “línea roja”, no en el sentido de que quien ha muerto degollado a cuchillo en una masacre sectaria no deba provocar nuestro estupor y enfado, pero lo cierto es que nos enfrentamos a la voluntad de la locura, y los medios disponibles para servir a esta locura humana solo tienen precedente en las cámaras nazis. Los sirios están en shock porque se han dado cuenta de que en el fondo la “solución final” estaba en la “mente” del régimen desde el principio, y que era cuestión de tiempo y de un larga y continua puesta a prueba de la negligencia de la comunidad internacional. Una prueba que comenzó con el asesinato del primer manifestante pacífico y ha llegado hasta la masacre química pasando por cientos de masacres y de víctimas asesinadas bajo tortura en los sótanos de la seguridad siria. Cualquier ser humano con raciocinio comprenderá también que no va a tener ahora vías de escape entre misiles, barriles explosivos o masacres por los que escaparse para crear vida alguna. La muerte se difunde en el aire para llegar a todos sin excepción en cuestión de segundos.

¿Qué hacer?

“La pregunta que ha que hacerse es cómo dejar de ser la víctima atrapada entre los colmillos de los lobos del interior y el exterior, y pasar a actuar, influir, decidir el propio destino y poder responder a los ogros del asesinato gratuito y la pandemia de la muerte” (Hussam Itani, “El nombre del asesino”, Al-Hayat, 23 de agosto de 2013). En realidad, para salir de eso y ante la existencia de un régimen tan demente e irracional, la lucha de los sirios no puede a principios del siglo XXI más que permanecer en gran medida a una distancia prudente del universo humano: ha de volver a examinarse la raíz de la relación entre el individuo y el bloque humano en los organismos internacionales, su papel, y borrar el óxido que ha convertido dicha relación en una burocracia y en unos elevados sueldos de funcionarios preocupados de forma apenas perceptible, de vetos y de la dictadura de algunos países sobre las instituciones internacionales para proteger sus intereses estratégicos y sus aspiraciones imperialistas.

Hoy, con la posibilidad de EEUU lance un ataque militar, muchas fuerzas pacifistas, contrarias a la guerra y miembros de la izquierda antiimperialistas (contraria al imperialismo de EEUU) se han levantado para rechazar tal posibilidad, la posibilidad de un ataque militar dirigido contra el régimen, como si dijeran: “¿No hay a principios del siglo XXI mecanismos ni formas de ayudarse entre seres humanos mejores que los barcos de guerra, los misiles Tomahawk y los corsarios estadounidenses? ¿Puede seguir EEUU desempeñando el papel de policía mundial educador de los “estados arrogantes”?”

En realidad, nosotros los sirios no hemos dejado de hacer la misma pregunta a la Humanidad desde hace dos años y medio sin descanso. Si existe una verdadera voluntad y un verdadero deseo de hacer realidad la paridad entre estados, ¿no se podía haber dirigido este ímpetu que hemos presenciado en los últimos dos días, esas manifestaciones contrarias a la guerra estadounidense contra la “soberanía” siria –o sea, el monopolio del régimen en la matanza de sus gobernadores- desde el primer veto de China y Rusia en el Consejo de Seguridad para organizar manifestaciones generales que torpedeen esa burocracia y esa depravación dictatorial llamada “derecho de veto”? ¿No ha sido posible realizar acciones diligentes,  persistentes y comprometidas para desarrollar los marcos y mecanismos legales para implementarlos y hacer uso de los mismos en la ONU? Hay textos que podrían haberse trabajado y desarrollado, pero nada de esto ha pasado. ¿No era posible salir en manifestaciones que pidieran fuerzas de separación y un mantenimiento de la paz? ¿No puede sugerir ninguna potencia algo nuevo de verdad que se adecue al progreso tecnológico que la Humanidad ha logrado? Por ejemplo, un referéndum de lejos, bajo organización de la ONU, para probar la legitimidad del régimen y tomar medidas concretas partiendo de ello? Sin esos mecanismos, las guerras se convierten en una ocasión estacional para cimentar los ritos del antiimperialismo y el sentimiento contrario a EEUU durante los fines de semana, un rito inútil si no va acompañado de una actividad equiparable que fortalezca el consenso internacional y la participación en la toma de decisiones de la comunidad internacional sobre las grandes cuestiones.

¿Qué? ¿Parece ciencia ficción? Sí, querida Humanidad, es ficción futurista, pero hay dos tipos de ficción: la que es como he descrito, y otra que han globalizado la historia de Noé y Hollywood con las películas de Steven Spielberg, y parece que esa es la que te gusta, querida Humanidad, cuando el diluvio se expande, amenaza al universo y asesina a la mayoría de seres, quedando solo un grupo de seres humanos para reproducir la vida humana. Lo curioso del asunto es que todos los que han muerto y morirán en el futuro cercano a manos del régimen químico, pensaban seguramente que estarían en el lado de los que se salvados.

La comunidad internacional debería haberse apresurado a inventar formas que contrarrestaran el terror de la muerte incesante en Siria, y aún sigue siendo posible si se quiere. ¿Qué les queda a los sirios por mostrar, logren atraer la opinión internacional hacia su causa o no? ¡No les queda más que hacer acrobacias con sus entrañas en el circo de la comunidad internacional para llamar la atención! Los sirios han enviado el mensaje de encargo a la Humanidad, con la sangre de sus hijos. Ahora la pelota está en el campo de la Humanidad, pues los hijos de Siria están hoy ocupados contando a sus muertos y encontrando tumbas improvisadas en las que quepa la muerte colectiva.

[1] Activista y abogada defensora de los Derechos Humanos que sigue en el interior de Siria.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Sobre el (posible) ataque estadounidense

Comunicado de los Comités de Coordinación Local del 1 de septiembre de 2013.



El pueblo sirio en ningún momento ha pedido la intervención militar en ningún país. La crueldad le obligó a levantarse y lo hizo creyendo que tenían derecho a ello. El régimen se enfrentó a él con balas, torturas y detenciones, y luchó contra él privándole de su sustento y la seguridad de sus casas. El régimen se enfrentó a los manifestantes pacíficos con tanques y armamento pesado desde el inicio de la revolución siria y no ha dejado desde entonces de desarrollar nuevas formas de violencia, crueldad y asesinato contra nuestro pueblo, hasta el punto de que las detenciones dieron paso a ejecuciones sumarias y se pasó de usar balas contra los manifestantes a utilizar aviones de guerra, misiles balísticos, artillería pesada y finalmente armas químicas. El régimen no ha cesado un solo día en su desafío al mundo apoyándose en Rusia, China e Irán, pero también en el silencio y la postergación del resto del mundo, para hacer de su continuo asesinato de sirios y destrucción de la unión de su patria y Estado una confirmación del fracaso de la Humanidad en protegerse a sí misma del despotismo.

Hoy, todo apunta a la posibilidad de que se lance un ataque militar contra el régimen, y que el golpe tendrá como objetivo la mera defensa de la línea roja, la línea del uso de las armas químicas, que el régimen ha desafiado varias veces. También parece que la mayor preocupación de Occidente en este sentido son las ecuaciones políticas internacionales y no una verdadera participación para socorrer a una población que sueña con la libertad y la dignidad y que muere a diario por ello. 

El golpe efímero reformatorio contra Asad  no llevará más que a un aumento de su violencia y de su confianza en que nadie le impedirá seguir matando. Un golpe rápido como este será una forma de legalizar internacionalmente el uso de todo armamento pesado, excepto las armas químicas, en poder del régimen, en caso de que verdaderamente consiga disuadirle del uso de armas químicas de nuevo. En cualquier caso, el único que pagará el precio será el pueblo sirio.

Es un momento difícil y un punto de inflexión en la historia de todos los sirios, y exige que nosotros y el mundo entero hagamos acopio de responsabilidad y sabiduría, no de dudas y egoísmo.

Cualquier ataque que se lance contra el régimen debe de tener por objetivo neutralizar sus capacidades aéreas y sus reservas de artillería y misiles, que utiliza contra las zonas civiles como si de armas de destrucción masiva se tratase, con gran precisión. Ese ataque debe también asumir su responsabilidad para con los civiles, y no ser a costa de ellos, y ha de ir acompañado de una continua coordinación y un necesario apoyo a la oposición siria (política y armada), que permita que esta organice y amplíe su actividad contra el despotismo salvaje, y que infunda la esperanza en un pueblo al que la desesperación y el dolor llevan cada vez más hacia el extremismo.

Es responsabilidad de todos nosotros -opositores, revolucionarios y activistas- unir filas hoy para que podamos dejar claros nuestros intereses nacionales y nuestras necesidades humanitarias, y para decir al mundo que abandonar al pueblo es abandonar a toda la Humanidad, y que la intervención en Siria ha de someterse a las necesidades de los sirios y respetar su soberanía y futuro libre y honrado. 

El tiempo de la muerte se ha prolongado demasiado en Siria y nuestro pueblo espera el apoyo de todo el mundo. Esa ayuda se sigue retrasando porque la comunidad internacional observa toda esta muerte y aún le hace falta más tiempo para pensar antes de ofrecer la medicina a los heridos por las armas químicas de Asad. Si esto sigue así, no le será difícil quedarse mirando mientras sigue la masacre. Pero a pesar de ello, llenos de esperanza decimos que la Humanidad aún no ha sido destruida y que debe despertarse hoy, o mañana. La prueba de ello es nuestro pueblo.