Blog dedicado a publicar traducciones al español de textos, vídeos e imágenes en árabe sobre la revolución siria.

El objetivo es dar a conocer al público hispanohablante al menos una parte del tan abundante material publicado en prensa y redes sociales sobre lo que actualmente acontece en Siria. Por lo tanto, se acepta y agradece enormemente la difusión y uso de su contenido siempre y cuando se cite la fuente.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Desde Teherán a Grosny y hasta Damasco


Texto original: Al-Quds al-Arabi

Autor: Elías Khoury

Fecha: 03/09/2012



La entrevista que el canal Al-Duniya realizó a Bashar al-Asad, me recordó el axioma que el fundador del partido de las Falanges Libanesas, Pierre Gemayel , acuñó al inicio de la larga guerra civil libanesa. Aquel día, en contra del discurso reformista que había adoptado el movimiento nacional, el sheij Pierre lanzó el lema “El régimen: la entidad”.

Es decir, que el líder del más grande e influyente partido en el ámbito cristiano había puesto a los libaneses en la encrucijada: mantener el régimen de la primacía sectaria o volver a plantearse la entidad libanesa, una invitación velada a la fragmentación o el retorno al pequeño Líbano, o sea a las fronteras del mutasarrifato[1] que los países europeos impusieron a la Sublime Puerta con la excusa de “proteger a los cristianos” de Monte Líbano.

El presidente sirio recuperó la misma lógica al asegurar que “La patria: el régimen, el régimen: el presidente”. Así que si quieres proteger a la patria de la “conspiración”, tienes que defender al régimen baasista, y si te pones de parte del régimen, estás con el presidente para siempre, sin posibilidad de discusión. Pero si quieres derrocar al presidente, quieres derrocar al régimen, y si cae el régimen, se pierde la patria.

La ecuación asadiana es más complicada que la ecuación que elaboró Pierre Gemayel, pues el difunto  líder falangista hablaba en un claro lenguaje sectario, basado en un miedo minoritario hereditario, convertido en un instrumento para atemorizar  a los demás y someterlos. El presidente sirio, en cambio, pertenece, al menos en teoría, a una ideología nacionalista que pasa por alto la estructura sectaria e intenta hacer llegar “el mensaje eterno” [2] que preconizó el fundador del partido Baaz, Michel Aflaq. Es este un mensaje de unidad de la nación árabe y su renacer del letargo. En cuanto a cómo se ha convertido el mensaje eterno en un gobierno eterno hereditario, en un infierno represor, en un letargo político y en una serie de derrotas nacionales, es una cuestión cuyas respuestas han de bu8scarse en las semillas fascistas con las que cuenta la propia ideología baasista por un lado y, por otro, en la usurpación del poder por parte de los militares y los servicios de seguridad, una usurpación que convirtió esas semillas en un régimen mantenido por un único hombre o por una institución familiar después.

La total identificación entre el régimen y la nación amenaza con la destrucción de la nación y su desmembramiento. Esa es la esencia del discurso de Al-Asad.  El hablar de la “conspiración” y el “terrorismo” es una mera cobertura ingenua que ya no engaña a nadie, pues el dictador sirio fue el primero en saber eso, desde los primeros momentos de la revolución siria, cuando cientos de miles de personas bajaron a las calles de Daraa, Hama, Homs, Deir Ezzor, y las afueras de Damasco, exigiendo su libertad y su dignidad, y anunciando que el único camino de la libertad es derrocar al régimen. La respuesta del régimen fue la ofensiva sangrienta, considerando que podía, si asesinaba al mayor número posible de manifestantes, infundir el miedo en los corazones. El proyecto represor del régimen pasó por dos fases:

La primera fase, que llamaremos fase iraní, se prolongó desde los inicios de la revolución hasta el bombardeo de Homs y la destrucción de Baba Amro; la segunda continúa hasta hoy y es la etapa chechena. En la primera fase el régimen intentó aplicar el plan iraní usado en la represión de la “revolución verde”, que estalló en el país tras la “reelección” de Ahmadineyad como presidente. Este plan fracasó porque se inspiró en un modelo que no tiene nada que ver con la realidad siria: la revolución verde se centró en las ciudades, sobre todo en Teherán, y estuvo ausente en las zonas rurales que mantuvieron su fidelidad al Vali-e Faqih [3]. El régimen iraní se apoyó también en la legitimidad política que nace de su legitimidad jurídica y religiosa establecida por Khomeini. En cuanto a la revolución siria, esta estalló en primer lugar en las ciudades alejadas de los centros político y económico (Damasco y Alepo), y la represión salvaje de las manifestaciones en estas ciudades arrastró a las zonas rurales a entrar en la revolución, convirtiéndola en un fenómeno difícil de aplastar por los medios clásicos que se utilizaron en Irán. Ello condujo al inicio de las deserciones en el ejército y a la aparición del fenómeno del Ejército Sirio Libre, además del amplio uso popular de las armas. En vez de reprimirse la revolución, las zonas rurales incitaron a la actividad revolucionaria en las ciudades, hasta llegar al corazón de Damasco, y dominar amplias zonas de Alepo. 

Todo ello sin olvidar que el régimen no se apoya en ninguna legitimidad social, ni política ni religiosa.

El fracaso del modelo iraní condujo a la segunda fase de la represión, para lo cual el régimen se ayudó de otro modelo, el modelo de aplastamiento de los chechenos para destruir  Grosny, el mismo modelo seguido por el  “pequeño zar ruso”, Vladimir Putin. Este modelo triunfó en la Federación Rusia gracias al potencial de los carros de combate, los tanques y las armas de los aviones, que provocaron una destrucción metódica de la capital chechena Grosny.

El recurso del aparato asadiano a este modelo y el ímpetu ruso por él carece de sabiduría porque olvida dos realidades:

La primera es que el país de los chechenos es pequeño y el número de habitantes es de apenas un millón, además de que forma parte de la gran Federación Rusa que lo rodea por todas partes. Su levantamiento fue uno nacional para liberarse del dominio ruso, buscando la independencia. Esto no se parece en nada a la revolución siria que es la revolución de la mayoría de un pueblo contra un régimen de gobierno dictatorial local. La revolución siria no es una resistencia a un gobierno extranjero, sino una revolución por la libertad y la liberación de la dictadura. La segunda realidad es que el “pequeño zar” en Moscú entró en su batalla contra una minoría nacional y religiosa débil y oprimida, y logró pintarla como una lucha por la protección de Rusia y la recuperación de su papel. En cuanto al “pequeño mameluco” de Damasco, este no está luchando contra otro pueblo, ni pretende destruir una ciudad pequeña llamada Grosny que no tiene más de cuatrocientos mil habitantes, sino que está luchando contra todas las ciudades sirias.

La solución chechena se desploma hoy, como también lo hizo ayer la solución iraní. Llama la atención que ambos países apoyan al régimen: Irán y Rusia. Estos no se han limitado a ofrecer sus dos modelos de represión, sino que han obsequiado al régimen con todas las formas de apoyo militar y financiero, y aun así, están atónitos ante su incapacidad de logar la solución militar y están frustrados con el gran desmembramiento entre los miembros del aparato político y militar.

Tras el fracaso de la segunda fase, que es una cuestión de tiempo y sangre, el régimen se verá obligado a entrar en una tercera fase, que tendrá una única dirección -la caída y el desplome- y que llamaremos “la fase damascena” [4]. Al Asad no tendrá éxito donde fracasó Pierre Gemayel. La pretensión fascista libanesa que incitaba a la división, y que se apoyaba en la experiencia divisoria “legitimizada” internacionalmente en el siglo XIX por medio del mutsarrifato, se desplomó porque era una opción imposible y estúpida. En cuanto a la división de Siria y la creación de una zona sectaria en ella (algo que algunos han avanzado en la prensa árabe y occidental), es una opción más estúpida e imposible que la opción fascista libanesa. Dividir Siria es imposible en los niveles sirio, regional e internacional, incluso aunque este sea el deseo israelí, y el proyecto de creación de un mini-estado en él no es más que una receta para el suicidio. Por ello, la tercera fase tendrá un único nombre, que es la caída, y con la cercanía de esta caída, los asadistas intentarán aplicar su lema “Al-Asad o quemamos el país”, algo que llevan un tiempo haciendo.

Ese es el significado del sangriento comportamiento asadiano, que dice que el dictador no se marchará hasta destruir el país. Igual que el régimen fracasó en las dos fases previas, volverá a fracasar en la tercera fase a pesar del baño de sangre y lágrimas que está produciendo a diario.

[1] Pequeño gobierno independiente en Monte Líbano que comenzó en 1861 tras los sangrientos enfrentamientos entre drusos y cristianos.
[2] El lema del partido Baaz es “Una única nación árabe con un mensaje eterno”.
[3] La autoridad del jurisconsulto. Grosso modo, es la base del sistema legal y político iraní, que da plenos poderes al “clero” chií.
[4] Literalmente dice shamiyya, en referencia al nombre que se da a la Siria histórica, pero también a la capital. Hemos optado por utilizar la traducción “damascena” por el título.

martes, 4 de septiembre de 2012

Tráfico

Este cartel es nuevamente de la ingeniosa ciudad de Kafranbel:

"Exigimos que se designe un agente de tráfico
para regular el movimiento de los aviones de guerra,
ya que se producen muchos atascos"
(04/09/2012, Kafranbel liberada)

lunes, 3 de septiembre de 2012

Dariya...



Texto original: Damascus Bureau

Autor: Razzan Zaytouna

Fecha: 30/08/2012

 "Habéis ensangrentado Siria,
habéis exterminado a Dariya,
habéis destrozado los muros y las casas,
y vuestro silencio solo ha dejado destrucción"
(Jóvenes de Damasco para la construcción del mañana, 28/08/2012)

La tarde del 25 de agosto, estaba chateando con Karim. Karim es un activista de apenas 20 años que vive en la zona de los jardines de Dariya[1] en una casa árabe (de un único piso, sin sótano ni refugio).

Casi podía escuchar la voz de su grito mientras escribía: “Ha caído un misiiiiiiiiiiiiiiiiiiil sobre la casa de nuestros vecinos. Dios mío, Dios mío”. Karim se desconectó y tuve que esperar tres días para poder hablar con él de nuevo y que me contara su testimonio, uno más entre  muchos otros sobre la masacre que rompió nuestros corazones en la ciudad de la paz, Dariya.

Dariya era una estrella brillante antes de la revolución, una estrella durante la misma. Lo que habían construido los chicos y chicas de la ciudad había exigido un enorme esfuerzo que había dado lugar a un pequeño modelo de la Siria del futuro con la que soñamos. El movimiento en la ciudad no dejó de sorprendernos ni por un instante. En Dariya los manifestantes fueron los primeros en llevar rosas y agua al ejército que se afanaba en matarlos. Solo en Dariya se repartieron regalos a los hijos de los shabbiha igual que a los hijos de las víctimas el día de la fiesta de fin de Ramadán. En Dariya las expresiones de ciudadanía y los lemas de convivencia siguieron levantándose incluso cuando el país entero había caído en las garras de la desesperación tras cada nueva masacre.

Dice Karim: “Con el aumento de la intensidad de los misiles y los proyectiles a nuestro alrededor, huí con los demás y me refugié en el sótano de unos parientes. El Ejército Sirio Libre estaba desplegado en la zona en la que nos refugiamos, a unos 200 metros de los tanques del ejército del régimen. El día terminó con grandes enfrentamientos y bombardeos muy violentos en nuestra posición”.

“Entonces supe que el ejército había irrumpido en la zona en la que estaba y en mi casa, y que se dirigía hacia nosotros. Durante la noche, los francotiradores del régimen disparaban a cualquier cosa que se movía, desplazarse era imposible aun queriendo. Dariya recibía locos bombardeos y yo los sentía en mi corazón, proyectil tras proyectil”.

Solo en Dariya el movimiento femenino se había mantenido fuerte, distinguido y rutilante. En Dariya se levantaban lemas que pedían justicia, no venganza, enjuiciamiento y no crímenes de honor. Allí estaban los más magníficos sirios y sirias, construyendo el más allá de la caída del régimen, la post revolución.

Karim sigue: “La mañana del día siguiente varias familias se desplazaron y volvieron los ruidos del violento bombardeo. La situación continuó así hasta pasado el mediodía y quien tuvo la oportunidad, se llevó lo que pudo y se fue de la zona. Algunos fueron alcanzados frente al edificio en el que estábamos mientras se desplazaban. Me quedé solo”.

“En ese momento, decidí abandonar el lugar, pues en ambos casos estaba muerto, al menos así lo pensé. Me subí al coche en medio del humo y los escombros y me fui hacia el centro de Dariya, donde había una relativa seguridad”.

“Durante mi corto recorrido, vi tres miembros del Ejército Sirio Libre en uno de los barrios intentando esconderse y otros seis que estaban parados en un punto más cercano al centro de la ciudad. Poco después, un proyectil cayó sobre donde estaban los seis últimos. Un amigo me informó de que fue a socorrerlos, pero que el mismo misil los había matado a todos”.

“Los proyectiles comenzaron a acercarse al lugar donde estaba, poco a poco y se quedaron a unos dos edificios de mí. Los destellos volaban e iluminaban como el carbón, de lo calientes que estaban. Me entretenía esperando a que se enfriaran para recogerlos”.

Dariya la del movimiento civil y pacífico, años antes de la revolución resistió la militarización durante largo tiempo hasta que se convirtió en una realidad. Cuando sucedió, fue de las poquísimas zonas en las que la militarización no logró ganar a la actividad de la zona ni al diálogo civil. Dariya, donde el régimen secó los jardines de cactus que había a su alrededor hace semanas y con ellos las memorias y los corazones de los hijos de la zona…

Karim: “Cuando llegó el mediodía, vino un amigo del Ejérctios Sirio Libre. Estaba llorando y había dejado las armas. Me dijo que no podía más, el bombardeo era inimaginable, la mayoría de sus compañeros habían muerto a causa de ello, no se puede resistir más”.

“Esa noche la pasé en el piso de unos amigos de la misma zona. Durante la noche el Ejército Sirio Libre se retiró de la ciudad y emitió un comunicado explicándolo. Las fuerzas del régimen rodearon la ciudad al completo y algunos de sus miembros entraron en algunas zonas. La mañana siguiente, el ejército del régimen estaba apostado en una calle de Dariya y había desplegado por ella a sus francotiradores. Decidí entonces irme de la ciudad con la familia de un amigo porque la irrupción final estaba muy cerca”.

“A las siete y cuarto de la mañana, llegó un coche con otra familia con la que acordamos desplazarnos. Sus rostros estaban enjutos y muy pálidos. Le pregunté a uno de ellos: ¿Qué le pasa? ¿Todo bien? Y me dijo que había visto a una persona muerta sobre en el asfalto,  otra en su coche y otra sobre el suelo, y que cualquiera que pasaba por esa zona era blanco de las balas de los francotiradores. Me hizo ver las dos balas que habían alcanzado su coche, una en la puerta trasera y otra cerca del depósito de gasolina. Entonces decidimos que desplazarse era más difícil que quedarse, los francotiradores del régimen impedían a todo el mundo salir de la ciudad y todo el que se moviera se convertía en objetivo”. 

Según recibíamos las noticias en nuestra oficina de noticias sobre las víctimas del bombardeo y los cadáveres tirados en las calles, nos manteníamos en estado de shock. Dariya es nuestra niña mimada, y si Ghiath Mátar que ofreció rosas a los soldados, fue asesinado a sangre fría, tal vez la ciudad que ofreció un icono y un ejemplo a la revolución, sería también sacrificada.

“Volvimos sobre nuestros pasos”, dice Karim, “y poco después, un amigo llegó y me dijo que cuatro personas habían sido ejecutadas en público en la zona de Turba”. Otro vino y dijo que el ejército regular había sacado a los hombres de los refugios y los había ejecutado fusilándolos cara a la pared y que debíamos advertir a todo el mundo que no saliera de los refugios. Otro amigo llegó y nos dijo que la mezquita de Abu Suleimán había sido escenario de una masacre. No podía creerlo, no podía creer ninguna noticia, hasta que pasó otra hora y llegaron las fuerzas del régimen al barrio colindante, que sacaron a cinco personas del refugio del edificio y los ejecutaron. Después se dirigieron a la plaza cercana e hicieron una manifestación de apoyo. Vino la televisión siria y grabó, después se calló el ruido de la manifestación y volvió el ruido intenso de las balas”.

“Vino una amiga y me dijo que la familia Nammura, los hermanos, la mujer y los niños, habían sido asesinados. Así pasamos el resto del día, recibiendo noticias de ejecuciones de un barrio a otro, sin saber cuándo llegaría nuestro turno”.

“La mañana del día siguiente, a eso de las siete, vino un amigo y me dijo que iríamos a la mezquita de Abu Suleimán. De camino, la situación era desastrosa: casas enteras a ras del suelo, coches aplastados por los tanques con sus tripulantes a bordo, cuyos restos aún seguían dentro. A unos 300 metros de la mezquita, el olor de la muerte se expandía con fuerza. Llegué, y la mezquita estaba abarrotada de gente, de cadáveres: 123 cadáveres contamos. Había una niña pequeña de unos doce años, un niño pequeño de unos tres años y tres bebes lactantes. Habían sido asesinados de un disparo en la cabeza. Los bebes lactantes no tienen cráneo, sino una mera cobertura fina de piel que las balas habían quemado, ocualtando los rasgos de sus rostros”.

“Por la tarde, el ejército volvió a nuestro barrio y comenzó a destruir los establecimientos comerciales, a robar y a llevarse lo que había en ellos. Hasta ese momento seguíamos recibiendo noticias de veinte cadáveres aquí y treinta allá…”

Veinticuatro horas después de la masacre, hablaba con una de las chicas de Dariya. Aún siento la sorpresa de cuando me dio: “Todo lo que construimos durante un año y siete meses lo han destruido en una hora escasa”.

Más de 500 víctimas, destrucción general y no hay tiempo para lamentaciones: las masacres se trasladan como los malos espíritus de ciudad en ciudad. Volvió a sorprenderme diciendo: “No nos rendiremos a la muerte, nos levantaremos de nuevo. Hola… Aquí está Siria”.

[1] También puede encontrarse escrito como Daraya o Dareya.

domingo, 2 de septiembre de 2012

Carta de un refugiado palestino a un refugiado sirio




Texto original: Middle East Panorama

Autor: Farah Abd Rabbihi[1]

Fecha: 31/08/2012



 
Tal vez tu madre te pierda en los campos “turcos” y será gracioso que un refugiado diga –cuando lo cuente después- que se perdió. El único que conocía su destino es quien se perdió, amigo, y tu destino era simplemente salvarte de la muerte, pero no has muerto a pesar de todo. 

No tengas miedo, porque todo lo que hay en casa, allí, está como debe: los utensilios de cocina, los juegos de los niños, el árbol estéril tras la ventana… Todo se quedará igual, pero desde esta misma mañana debes acostumbrarte a tus nuevas cosas: ahora eres un número en los registros de refugiados, en las noticias y en las reuniones de los comités y esfuerzos de las delegaciones, también en los poemas de los poetas que se beneficiarán de los muertos en las batallas más de lo que lo hacen los trabajadores de los cementerios.

La primera noche, la tienda resultará incómoda. Después, tras un año, se volverá acogedora como un pariente, pero cuídate de no enamorarte de ella como hicimos nosotros. No te alegres si ves que te construyen un centro de salud o una escuela primaria… No es en absoluto una noticia para alegrarse. No te impliques en reclamaciones estúpidas como que construyan viviendas sencillas en vez de levantar tiendas, o que os equipen con canalizaciones de agua o tendidos eléctricos. Ello significa que has comenzado a convivir, y ello supone el asesinato del refugiado y también su tumba.

No entrenes a tus hijos en la paciencia, la paciencia es el truco del impotente y el pretexto de quien ha renunciado (a su causa): el refugiado muere si no mira dos veces hacia atrás en un único segundo. No eres hijo de “allí”, recuérdalo siempre, tienes un “aquí” bello al que no se debe traicionar. No te acuestes ni una sola noche sin repetirle a tus hijos sus bondades y léeles cómo murió la gente, cómo fueron sacrificados en las pantallas de televisión porque no aplaudieron el discurso y diles que duermes entre árboles desconocidos porque no quisiste que un mismo “león”[2] te mordiera dos veces.

Todos te venderán entre ellos, esa es la afición de los políticos. Llegarán personas solidarias de todas partes y te convetirás en su lema electoral. Se acercarán a través de ti a Dios y la gente tendrá más interés en tu pérdida en Ramadán, las fiestas y las ocasiones religiosas. Algunos harán fotos a tus hijos agotados y hambrientos y de tu esposa durmiendo ahora a la sombra, para que sean candidata a un premio fotográfico internacional.

Aprenderás nuevas lenguas y nuevos sentimientos, establecerás una relación ambigua con el exilio, y tal vez en una noche te digas que no le falta nada para que te valga como patria… Pero rápidamente te darás cuenta: los árboles aquí no tienen el verdor que deberían y la sal no es salada, y los que murieron no me perdonarán. Y volverás a mirar hacia atrás dos veces.

Entonces, tu hijo –que se ha hecho hombre sin que te des cuenta- se presentará para cargar con tu memoria y soportar tu sueño, que ha deslomado tu espalda. Tal vez, amigo mío, todo te parezca complicado de primeras, pero está claro: Tú estás “allí” porque el “aquí” esta indispuesto. Tu ausencia puede prolongarse dos noches, pero no estás en un camino para buscar una nueva identidad ni pensarás de ningún modo en que el tendido eléctrico llegue a tu tienda. Ese es nuestro pecado, cuando dijimos: “La tienda es estrecha y necesitamos otras dos”.

Escúchame, porque tengo 63 años de experiencia más que tú en esta “profesión”: no hagas fotos de recuerdo con los embajadores de las buenas intenciones ni te quejes del calor que hace o de la arena que tiene el pan. Cuídate de exigir una tienda mejor, no hay una tienda mejor que otra.

[1]Escrita a colación de la creación del campamento de Al-Zaatari en Jordania para los refugiados sirios.
[2] "Asad" significa "león".