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martes, 7 de mayo de 2013

Damasco: la vida diaria en una ciudad cambiante al ritmo de la guerra y los desplazados



Texto original: Al-Hayat 

Autor: Dellair Youssef

Fecha: 03/05/2013



La electricidad está cortada desde hace horas. Hace mucho frío. Nos reunimos alrededor de la estufa, que funciona por primera vez a finales de este invierno (conseguimos con mucha dificultad diesel hace apenas unos días), hablamos del pan y la imposibilidad de conseguirlo, y en el fondo se escuchan los misiles y la artillería que bombardea zonas cercanas…
Bienvenido a Damasco.

Mi viaje a Damasco comenzó a principios de febrero de este año en busca de la verdad y de mí mismo en el corazón del fuego y la muerte. Llegué a la ciudad después de atravesar un camino tortuoso, lleno de peligros, a pie en muchas ocasiones. En este viaje me trasladé entre las zonas en el corazón de la capital dominadas por el régimen y las zonas que controla el ESL en la zona rural de Damasco y Al-Ghouta. Viví en muchas casas dado mi interés en conocer más detalles y para esconderme de los espías de la seguridad.

La mayoría de las conversaciones con las familias que me acogieron fueron sobre los acontecimientos que estaban teniendo lugar sobre el terreno y las condiciones de vida, como la continua falta de pan, la pérdida de combustible como gasolina y diesel y los continuos cortes en la corriente eléctrica. Las discusiones también se centraban en las zonas a las que posiblemente se desplazarán en caso de que la zona sea víctima de bombardeos o se reanuden los enfrentamientos. Pero a pesar de lo que sufren los sirios, intentan adecuarse a las condiciones de vida incluyendo la falta de agua, y los cortes en varios momentos del día. Así por ejemplo, han puesto grandes contenedores de agua en “el barrio” y utilizan cualquier cosa que sirva para transportar agua desde un grifo a un contenedor para llenarlo cada vez que el gobierno hace llegar el agua potable a la zona. Con ello, los habitantes garantizan que haya suficiente agua para dos días al menos. Esta escena se repite en la mayoría de los barrios de Al-Ghouta oriental. Tal vez, entre las más extrañas imágenes que vi está que se fuman cachimbas en todas partes, tanto por parte de los civiles como de los miembros del ESL (a los que los civiles llaman “revolucionarios”). También el internet como medio de comunicación está muy extendido, especialmente Facebook y Skype.

Se pueden observar muchas otras cosas mientras paseas por las calles de Damasco y sus alrededores, como el esparcimiento de los desplazados y refugiados de las zonas peligrosas a las zonas relativamente seguras, como algunas escuelas en el corazón de la ciudad de Damasco, o en tiendas que cubren las tierras de cultivo en Al-Ghouta oriental. Es muy doloroso ver a un niño que bebe del agua reservada para el ganado, o a una familia que come mientras las ovejas les rodean, ya que viven en una granja, huyendo de los violentos bombardeos sobre la zona de Jobar, al este de la capital.

No muy lejos de Al-Ghouta subes a un autobús que llega al centro de la ciudad, a una zona que conforma un centro residencial de los oficiales y miembros del ejército sirio, y escuchas al conductor decir: “Que cada uno revise las pertenencias de los demás”. Y ello es un indicio claro del miedo que tienen incluso de sí mismos, y buscan paquetes explosivos o dinamita en las pertenencias de cada uno.

Otra escena que uno puede encontrarse en el corazón de Damasco, en un día nevado, son los “comités populares” que el régimen conformó para su defensa y para mostrar al mundo el apoyo que recibe de los civiles, jugando con la nieve a “el ESL y el ejército de Asad”. Y es extraño que reconozcan entre ellos la existencia del ESL y la nieguen en público y lo describan como grupos armados.

Paseas por Al-Ghouta y disfrutas de tu libertad como quieres (naturalmente si exceptuamos los bombardeos aéreos y las incursiones con misiles). Cantas, gritas, insultas al presidente, te manifiestas y elevas los lemas que te gustan. Y cuando el fuego caiga sobre ti desde el cielo, no te será difícil encontrar una velada revolucionaria en otro lugar más seguro, en las que los “revolucionarios” canten sus canciones y repitan sus lemas revolucionarios en voz alta sin miedo. Pero mientras paseas, sin duda te encontrarás muchos misiles sin estallar hundidos en la tierra. La gente no los mueve por miedo a que exploten, pero lo más sorprendente que vi fue que se vendían combustibles en las calles de las distintas poblaciones de Al-Ghouta en botellas de un litro o dos , debido a lo caros que son y por lo complicado que es conseguirlos, de gasolina, diesel y gas.

Viví en algunas casas de civiles que habían huido de sus casas hacia otras zonas, me senté en sus sillas y utilicé sus utensilios para comer. Viví con sus fotos y recuerdos, viví con gente que no conocía personalmente, pero que sentía que conocía muy bien y en el cuaderno en que tomaba notas recogí un fragmento de las memorias de uno de ellos, que me pareció un joven universitario al que su novia había dejado no hacía mucho tiempo:

“Una vez más me siento solo en este lugar abarrotado, solo reviso las imágenes suspendidas en mi memoria. Intento apretar el botón para llamar pero mis manos me traicionan. Te llamo en secreto y hablo de ti en público, sabiendo que no te prolongaré más. Te echo de menos, y cuánto deseo abrazarte. Me canso de mi imaginación, y canto y río, pero la muerte aquí ha anidado en mi corazón. Te llamo a cada instante, pero no respondes. Ahora siento que algo en mi interior se suicida, o más bien, muere por tus golpes”.

En aquel lugar al que el mundo mira como un lugar de guerra civil y quela gente no vive como una revolución, en ese lugar las miradas, los telediarios y los artículos de periódico se centran en los misiles, los aviones, las balas y la muerte, pero nadie se fija en los detalles pequeños de la vida, en cómo conseguir pan, en cómo van los niños a la escuela (o similar) cada mañana. El mundo no ve hoy las risas de los “revolucionarios” ni sus bailes. Nadie se fija en un joven que ha perdido a su novia, ni una novia que añora, pero que no se reúnen porque los disparos son muy intensos en el  cruce a su casa. Solo allí, en Siria puedes oír una melodía de esperanza que resucita de la muerte, solo allí ves a alguien morir para que vivan otros, solo en Siria ves esta expresión escrita sobre cada pared: “Quítate las sandalias al pisar tu tierra, pues la tierra de Siria está hecha de los restos de sus jóvenes”.

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