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lunes, 1 de abril de 2013

La historia de un médico detenido por el Batallón del Islam


Texto original: Revista Enab baladi (“Uvas de mi país”), pero se ha tomado de este enlace.

Autor: Anónimo

Fecha 24/03/2013



“Hicimos toda una revolución y no nos libramos de la detención que nos dejó en herencia el gobierno de Asad”. No podíamos imaginar que los revolucionarios caerían en lo que habían caído sus enemigos: detención consuetudinaria, crueldad en los juicios, despotismo de ideas y gobierno por la fuerza de las armas…

Esto es quizá lo que nos ha empujado a publicar la historia del médico tras abstenernos varias veces, pero la gota ha colmado el vaso, como se suele decir, y es necesario hablar de los errores y sacarlos a juicio público para que sean discutidos y corregidos. Si no, la revolución se comerá a sus hijos, pero antes de vencer esta vez.

Dice Mahmud: “La revolución ha terminado… Se ha convertido en una lucha entre dos ejércitos a los que no importa la cuestión política por la que salimos”.

Mahmud, que es de un lejano pueblo al norte de Siria, se licenció en la facultad de Medicina con sobresaliente y participó en la revolución desde el inicio, sin quedarse atrás en las conocidas manifestaciones de Damasco. Con el aumento de la represión y la orientación de la revolución hacia la toma de las armas, especialmente tras la “matanza” de Hama y la destrucción de Deir Ezzor y Latakia, vio que era mejor reducir su participación en las manifestaciones para centrarse en la actividad médica de campo, debido a la escasez de experiencia y de personal en este ámbito. Así, se fue a Dariya y allí conoció a Ghiath Mátar y Yahya Shurbaji. Después se fue trasladando por las distintas zonas de Damasco y su extrarradio rural según las necesidades…

Pasó varios meses, a intervalos, en la ciudad de Al-Rastan, al norte de la provincia de Homs dada la falta de personal médico que sufría dicha provincia y su prontitud en conformar el ESL. A finales de 2012, debido a la incompatibilidad entre su especialidad y su actividad como médico de campo, decidió dejar su trabajo como especialista y dedicarse de pleno al servicio de la revolución (aunque con ello privaba a su familia del sueldo de especialista) y después se trasladó a la zona este de Al-Ghouta.

“La revolución era nuestra vida, estábamos llenos de esperanza y no pensaba que dejar mi especialidad fuera un sacrificio digno de mención”. Pasó en Al-Ghouta oriental varios meses, a caballo entre Hammouriya, Duma y Arbin. Finalmente se instaló en la ciudad de Duma, donde la necesidad era imperiosa durante los días de la “liberación”, especialmente tras la detención del médico Omar Sariul y sus compañeros, que figuraban entre los pocos médicos con los que contaba Duma.

“No puedo callarme los errores, por eso participé en la revolución, y por ello, aumentaron mis problemas con los miembros del Batallón del Islam, que me amenazaron con detenerme”. Mamud se vio obligado a dejar Duma y marcharse a Arbin para trabajar con sus amigos allí, en el hospital de campo de dicha localidad. Pero un amigo suyo de Duma lo llamó para un asunto urgente y se puso en marcha, para ser traicionado por su amigo, que lo entregó al Batallón del Islam, cuyos miembros lo detuvieron durante mes y medio.

Sobre su encarcelamiento dice: “Ya no basta con tener miedo de los misiles de las fuerzas de Asad, sino que has de ser precavido con los controles de algunas brigadas que se dicen de la revolución y los revolucionarios”.

Durante su detención, sus amigos lo estuvieron buscando durante días sin éxito. Al principio pensaron que quizá un proyectil lo habría alcanzado en su camino a Duma y que había muerto. El amigo de Mahmud negó saber dónde se encontraba, y lo mismo hicieron los miembros del batallón y sus líderes. “Los momentos más difíciles para nosotros fueron cuando su madre llamó desde su ciudad para saber si había llegado bien y no sabíamos qué decirle”, dice un amigo de Mahmud de los que fueron a buscarlo.

“Lo que ha sucedido es muy triste: hicimos toda una revolución y no nos libramos de la detención al estilo de secuestro que nos dejó en herencia el gobierno de Asad”, añade otro amigo.

Sobre las condiciones en que estuvo detenido por el Batallón del Islam, cuenta Mahmud: “Las condiciones eran extremadamente malas: no hubo insultos, humillaciones ni tortura gracias a Dios, peor el lugar de detención es horrible. Para empezar, era estrecho y había un gran número de detenidos. Además no se permitía ‘tomar el sol’ más que en contadas ocasiones y la calidad de la comida era muy baja, por supuesto, aunque no peor que la que tomaba la gente de Duma en esos difíciles días”.

Mahmud no fue sometido a ningún juicio durante su detención, pero por lo que entendió de las palabras de los carceleros, la causa inmediata de su detención había sido el hablar “mal” del batallón con un grupo de la ciudad de Al-Tall.

“Unos instantes antes de soltarme y (y este es un detalle llamativo) me dieron un nuevo pijama para que me lo pusiera antes de que me liberaran”. “Dentro de la cárcel vives el desplome de tus sueños, vives tu verdadera cárcel”. “Éramos tres médicos cuando fuimos a Dariya hace un año y medio: uno lo tiene detenido el régimen, yo estoy detenido en manos de los revolucionarios y el tercero ha caído prisionero de la desesperación y ha salido de Siria. Eso era lo que pensaba todo el rato mientras contaba los días de detención”.

Mahmud cree que su error fundamental fue que trabajó para la revolución fuera de su pueblo y dice que si hubiera sido hijo de Duma, no le habría pasado lo que le pasó. “Puede que esté bajo el efecto del shock ahora, pero tendría que haberme quedado allí, donde encuentras a quien valora tu trabajo de verdad”.

Cuando salió de la cárcel y fue a buscar a su familia, no encontró más que una carta que habían dejado a un amigo en la que decían que se habían marchado a Turquía.

“La revolución ha terminado y quiero encontrar a mi familia en alguno de los campamentos de Turquía, y terminar mi especialidad en Alemania”. Así concluye Mahmud sus palabras.

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