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martes, 16 de agosto de 2011

Los sirios han hablado y el mundo los ha visto

Texto original: periódico Al-Hayat 
Fecha: 12 de agosto de 2011
Autora: Gáliba Qabbani*




Los sirios han comenzado estar presentes y se les han puesto nombres tras permanecer ocultos tras el velo del nombre del gobernante y los nombres de su séquito. Cada día desde hace cinco meses, los nombres de los sirios salen a la luz: individuos, mártires, detenidos, testigos presenciales, y muchos otros pendientes. La lista de nombres no termina, sino que nace con un nuevo espíritu desde el primer impulso del cambio, siendo los nombres oídos, leídos y vistos junto a los de sus compañeros.

El pueblo sirio ha hablado después de décadas de silencio y el mundo lo ha visto finalmente. Sí, el pueblo sirio estaba ausente, invisible, había sido convertido en un bloque silencioso del que distraía la abundancia. Ya no era más que un número que conformaba el total de población en las estadísticas, en las cuales, debido a la abundancia, se compensaban los muertos y los desaparecidos en las prisiones de la represión, quedando en el olvido el miedo a la repetición de las masacres pasadas o el enmudecimiento forzado de las generaciones siguientes.

Uno aprende a reprimirse a sí mismo al ser entrenado en la sociedad, en casa, en la escuela y en los medios para ello, y en Siria, el Partido alimentaba los eslóganes, discursos y lemas alternativos, así como la opinión sobre las diversas cuestiones y asuntos internos, regionales e internacionales. Las personas no tenían derecho a contradecir tales opiniones, porque el Partido y las palabras del líder ocupaban el lugar del pensamiento libre. Por ello, hemos visto a los sirios en general, en el inicio de este movimiento, dudando sin saber qué debían decir sobre las críticas al poder. En las pasadas cuatro décadas y media, olvidaron cómo discutir y polemizar, cómo ordenar sus ideas en una conversación sobre sus asuntos y como oponerse al gobernante.

No deberías sorprenderte si ahora los ves en algunas de sus conferencias y encuentros gritarse los unos a los otros sin escuchar más que sus propias voces. Los sirios estaban secuestrados en un sótano virtual y oscuro, donde se les pasaban los conceptos, las expresiones, los significados, el discurso del que no deben salirse y el diccionario del que deben extraer los conceptos.

Se trata de un sótano del que la mayoría aún no se ha liberado, porque se lo han llevado dentro de sí mismos al exilio. Así, cuando se reúnen, sólo sabe repetir la estructura mental y lógica que se les implantó, en la que han de cambiar unos conceptos por otros nuevos sin alterar su lógica. Al discrepar, han tomado palabras prestadas del diccionario para expresar sus diferencias. Estas palabras son palabras vacías que no revelan la verdadera identidad o la identidad que podrían tener si se liberaran de ese sótano oscuro.

Ni siquiera la canción política se ha cultivado en Siria porque es un discurso incompatible con el del Gran Hermano. Tampoco ha habido en Siria un fenómeno como el del Sheij Imam o Ahmad Fu’ad Najm, o los grupos que han florecido en Egipto y Marruecos por ejemplo. Esto se debe a que el poder ha despreciado la el dialecto local como lengua de existencia y verdadera comunicación entre las personas, como también ha despreciado cualquier otra lengua presente en Siria que no fuera el árabe clásico con el que el líder ha adornado sus discursos y el Baaz su literatura.

Las personas se han crecido con este desprecio en sus entrañas, y tal vez, esto explique también la escasa producción musical en Siria. Por otro lado, el poder tampoco ha innovado con la lengua clásica, sino que la ha domado hasta convertirla en una lengua vacía, declamatoria, que no aporta nada excepto la repetición que conduce a la fidelidad absoluta.

“Habla para que te vea”… Una expresión profunda con la cual el filósofo griego Sócrates, hace más de dos mil años, provocó a uno de sus alumnos que era muy callado y tímido. Se la dijo para que supiera en qué pensar. El cambio de opinión define la identidad del ser humano y lo convierte en el punto de vista que llama la atención sobre su interior. Sin las palabras, que traducen lo que uno siente en su interior, no habrá diálogo entre las personas y las sociedades no florecerán, ni las personas avanzarán. El ser humano avanzó cuando logró sustituir sus sonidos primitivos por palabras y después por frases completas articuladas, produciéndose un salto aún mayor cuando inventó las letras con las que escribir, comunicarse y transmitir sus ideas. Por ello el lenguaje, escrito y oral, es una de las manifestaciones de la existencia en este mundo.

Los sirios se han mantenido al margen del mundo, excepto algunos innovadores en algunas profesiones o en el ámbito de las letras. Permanecieron callados exactamente igual que aquel tímido estudiante que dudaba si hablar o no, aunque a su tartamudeo al hablar libremente, debido a que sus lenguas estaban atadas desde la infancia porque la palabra era la palabra del sultán, no ha cambiado nada. Hicieron invisible la palabra de la verdad en pro de la palabra del cumplido. No hablaban para ser vistos, y por ello, no han creado un diálogo vertical con el poder ni han mantenido una conversación en el plano horizontal entre ellos. Quien, desde la élite instruida y politizada, se atrevía y hablaba saboreó unos castigos que simplemente son intolerables para la civilización y la humanidad.

El pueblo, desde mediados del pasado marzo, apareció levantándose contra la opresión y pagó un precio muy alto por lograr que el mundo lo viera. El ejemplo del cantante de la revolución, Ibahim Qashush, que no es el único, pues al suyo se suman innumerables casos parejos, es el del cantante al que le arrancaron la garganta porque escribió y cantó una canción con la que rompió todos los tabúes de una vez. Habló y el mundo lo vio. Dijo cosas con las que acabó con todo lo indecible con la lengua sencilla que utiliza la gente a diario, hasta convertirse su canción en la más repetida en todas las manifestaciones dentro y fuera del país.

Los sirios han hablado, han inventado eslóganes, lemas y canciones. Les hemos puesto nombre a muchos de ellos, nombres que los definen como pueblo en contraposición al dominio del nombre único y absoluto del gobernante. Han salido a la luz los nombres de los detenidos, los manifestantes, los heridos, los mártires, los cantantes, los líderes de las manifestaciones, los firmantes de los manifiestos… Han aparecido los nombres de sus pueblos, sus ciudades… que habían desaparecido en beneficio de la capital gobernante. Los sirios ya no son meros números y bloques desconocidos que se cuentan en un país secuestrado desde hace más de cuatro décadas.

La expresión que Sócrates dirigió a su alumno se ha convertido en un ejemplo histórico de lo negativo del silencio y la importancia de decir las cosas en público, para que el ser humano tenga presencia y sea visto por los demás a través de ello. Lo extraño es que los alumnos en el caso sirio, los adolescentes y jóvenes, son los que han pedido a los profesores, la generación que envejeció de espíritu y mente, que hablen. Los han incitado a escribir en letras grandes claras y directas sobre las paredes para que el país entero los vea, aún más, para que el mundo entero los vea. 

*Escritora siria

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