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martes, 2 de febrero de 2016

El corazón damasceno



Texto orginal: Al-Quds al-Arabi

Autor: Elias Khoury

Fecha: 01/02/2016




El apodo que se solía poner a Damasco era “el corazón de la arabidad”, y solía añadirse el adjetivo “palpitante”, por lo que Damasco era el “corazón palpitante de la arabidad” y una fuente para leer el posible devenir de la zona.

Cuando nuestra conciencia política tomó forma, tras la derrota del 5 de junio de 1967 (la Naksa), Damasco estaba en manos del partido Baaz, que la empujó a caer en manos de la dinastía asadiana, y los pálpitos del corazón comenzaron a desvanecerse, por lo que no volvimos a oír más que expresiones vacías sinónimas de la derrota árabe. Así, hasta que la ciudad, conocida por su bullicio político en los años cincuenta, se convirtió en un corazón que se asfixiaba y era incapaz de expresar nada. Esta expresión se convirtió en un mero recurso retórico insignificante, que no provocaba más que tristeza y burla. ¡Un corazón sin arabidad y una arabidad sin corazón! Damasco acabó del revés, y los oficiales y hombres de los servicios secretos se encargaron de dibujar su muerte envuelta en la dictadura. Los palestinos y libaneses pagaron el precio en sangre, desde Tel Zaatar [1] hasta el asesinato del Movimiento Nacional [2], antes de que los oficiales de tan cruentas experiencias aprendidas en Líbano las aplicaran en Hama, y convirtieran Siria en una mezcla de destrucción y cárceles.

Pero toda esta represión no fue más que un ejercicio de entrenamiento para la gran destrucción con la que el partido de los “falsos profetas” completara su sangrienta andadura. Iraq quedó destruido y fue entregado a los invasores estadounidenses, y después a la demencia sectaria-fundamentalista. Y hoy Siria se enfrenta a un destino que supondrá para los pueblos una lección de sumisión a los tiranos.

Lo que suceda con Siria será un indicador del destino de los árabes, y en ese sentido, el lema del corazón damasceno no será un lema vacío. El corazón sirio, que agoniza en la mesa de los viles hoy en Ginebra, es un indicador de la muerte del régimen árabe y su caída final, y del hecho de que el país será entregado a las fuerzas extranjeras en vez de hacer renuncias en favor del pueblo.

El corazón de los árabes ha perdido su independencia, y se ha convertido en un campo de batalla internacional y regional. La sangre siria que se derrama desde hace cinco años se ha convertido hoy en un puente de retorno a la sumisión de la zona y su pérdida las bases de su existencia nacional. Los que hoy bailan al ritmo del bombardeo ruso y sirio no se diferencian de quienes bailaron al ritmo del bombardeo estadounidense en Iraq. Todos los ladrones del mundo se han puesto de acuerdo en Siria, para destrozar el corazón de la arabidad y aplastar su latido.

No hay horizonte para este horizonte rodeado de asesinatos, no hay otro horizonte que más muerte, destrucción y genocidio del alma. Y Siria hoy pasa de ser el escándalo de los árabes a ser el escándalo mundial, pues la quieren convertir en el cementerio de los valores humanos, un puente que precipite el final de toda la región árabe. No quiero cargar exclusivamente con las culpas a quienes destruyen Siria ─el régimen y sus similares, las fuerzas militares fundamentalistas, Irán, los países del Golfo, Turquía, la pereza egipcia, EEUU y Rusia─, sino que también las élites y fuerzas políticas son culpables, porque no han sido capaces de contener la destrucción, ni de transformar el noble estallido popular sirio, con sus peticiones de libertad, dignidad y justicia social, en un horizonte capaz de vencer.

En Ginebra, el mundo celebra el funeral de Siria, cuya procesión encabeza un espectro que ha perdido todo atisbo de existencia, y que se llama Bashar al-Asad. Lo encabeza orgulloso y disoluto, sintiéndose victorioso, porque ha vendido la patria a cambio de un poder sin autoridad, y con él, a su alrededor, caminan los ladrones que han venido desde todos los rincones de la Tierra, para anunciar una solución que no es más que el preludio de guerras interminables.

Dicho funeral, que ha perdido toda la vergüenza, indica que la región árabe ha tocado fondo, y viene a completar, siguiendo la lógica, la derrota de los árabes de junio de 1967, ese día en que se elevó el estúpido lema de que el ataque israelí había fracasado porque su propósito había sido derrocar los regímenes árabes. La nación cae, pero el régimen no. Esta es la filosofía fascista baazista que ha llevado a la destrucción total a Siria e Iraq. Es cierto que el régimen en Iraq cayó, y que el régimen sirio no se mantendrá, pero el precio de esta caída, fruto de la genialidad de la dictadura, ha superado todos los límites de magnitud. El funeral de Ginebra nos dice que la tierra ha sido quemada, y que los pueblos de esta región y su cultura están por encima de la destrucción total, y que debemos inventar un inicio para no extinguirnos.

Esta es la triste realidad de un pueblo convertido en despojos, al que no debemos permitirle que se trague el sueño que brillaba cuando las calles de las ciudades se llenaban con el grito de la libertad. El inicio en tiempos del fin es este grito que estalló de la garganta de Ibrahim al-Qashush [3], cuyo eco no pudo ser ahogado por el régimen aunque sí logró extirparlo. Este grito nos llama a refundar todo, partiendo de la defensa de la supervivencia.

La muerte lo cerca todo, y las políticas de los grandes países son el revelan la falsedad de los valores y el cementerio de la política. En cuanto a la desgracia de los árabes, es doble: la dictadura y la revolución reducida a cenizas por quien gobierna el tumultuoso tiempo árabe. Dos escándalos que se encuentran en el asesinato de un pueblo, cuya desgracia es la desgracia con mayúsculas, y cuyo dolor es la definición de dolor. Siria hoy es un examen para los valores humanos, y un anuncio claro de que estos valores los pisan hoy los zapatos de los ladrones de un sistema internacional rehén del capitalismo salvaje, y de un sistema árabe rehén del fin.

Todos nos hemos hecho sirios, y la conciencia no es solo árabe, sino de todos aquellos que aún creen en la libertad y la justicia. Morimos en Siria, con los sirios y las sirias en la diáspora, la hambruna, los bombardeos, el frío, el hambre y la humillación. Todos estamos bajo las botas de la represión, el despotismo y la demencia sectaria, fundamentalista, militar y salvaje. Todos estamos allí; o sea, aquí. No tenemos más opción que refundar los valores, partiendo del grito de los niños de Daraa cuya muerte anunció la muerte de la infancia en este mundo salvaje.

[1] Se refiere a la masacre del 12 de agosto de 1976 donde milicias cristianas apoyadas por el ejército sirio sitiaron dicho campo de refugiados y lo arrasaron sin dar tregua a los supervivientes.
[2] Inicialmente apoyado por Siria durante la guerra civil libanesa, compuesto por grupos de izquierda y de corte panarabista, posteriormente perdió dicho apoyo.
[3] Activista que cantaba en las manifestaciones de Hama.

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