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sábado, 24 de diciembre de 2016

¿Qué Mesías va a nacer hoy entre nosotros?



Texto original: Global Voices
 
Autora: Marcell Shehwaro

Fecha: 23/12/2016

Robert Lentz

Son días “de gloria”, se supone, en los que nace el Mesías, dios del amor, la justicia y la paz. Pero, ¿qué Mesías va a nacer en nuestro mundo hoy?

Si hoy naciera un mesías, debatiríamos largo y tendido sobre lo que cubre la cabeza de María, y le cerraríamos las puertas al pobre que viene con su mujer embarazada. Nuestras casas serían las que le dirían no al nacimiento del Mesías, y por nuestra culpa, nacería en un portal.

Si hoy nos llegara un mesías, divagaríamos largo rato sobre su profesión: ¡un carpintero de Oriente Medio! ¿Nada más? ¡Sin habilidades especiales, ni idiomas! ¡Y encima, ingenuo, pretende cambiar el mundo!

Si hoy viniera un mesías, acusaríamos a los Reyes Magos de no ser imparciales, y los pastores serían detenidos antes de poder difundir la “buena nueva”. Quizá os solidarizaríais un poco, o no.

Si llegara un mesías huyendo de Herodes, creeríamos la versión de Herodes, o discutiríamos y escribiríamos sobre qué pasaría si Herodes tuviera razón al asesinar al Mesías niño. ¿Qué pasaría si el Mesías creciera y se convirtiera en una amenaza? O quizá ocultaríamos al responsable y nos conformaríamos con una frase del tipo “es todo muy complicado allí”.

Pero aun así, lo celebramos: grandes árboles y figuras aún más grandes de la Virgen ante las que lloramos y rezamos para que nos perdone haber olvidado a María, cobijada a tan solo unos metros en un campamento.

Sin embargo, celebramos: los adornos llenan las calles, luces brillantes que quizá nos ayuden a olvidar que en nuestro mundo de hoy, “el buen samaritano” se ha convertido en una organización sin ánimo de lucro, obsesionada con contar la historia del herido al que ayudó, para pasar a engrosar las listas de los que se benefician de los heridos, sin tiempo para una sonrisa.

Somos cristianos, pero al Mesías lo encontramos en otro que no se parece a nosotros. El Mesías que queremos es elegante, no lleva su ropa en una bolsa, ni pasea con sandalias raídas. Chapurrea un buen inglés y lo mejor es que ofrezca algo antes de hablar de amor, que realice un acto en defensa propia ante la acusación de terrorismo.

Somos cristianos, pero tememos a los judíos, musulmanes, árabes y afganos, y todos los que no son “nosotros”. El amor es selectivo y se basa en la clase social y la pertenencia; sin embargo, el Mesías, por alguna razón, paso por alto mencionarlo y habló del amor universal.

Somos cristianos, pero si los profetas hoy quisieran transmitirnos el mensaje, se ahogarían en el mar o se les dispararía en las fronteras, porque son sospechosos, claro.

¿Qué Mesías va a nacer hoy entre nosotros mientras todos sus “pequeños hermanos” por los que nos preguntará el Día del Juicio están asediados, son asesinados o están atrapados en campos?

Almacenamos nuestros “talentos” (moneda) en un banco para irnos un día de vacaciones a algún lugar donde tomar muchas fotografías y subirlas a las redes sociales, para tener informados de lo contentos que estamos a nuestros amigos a los que no tenemos normalmente tiempo de amar.

¿Qué Mesías va a nacer hoy entre nosotros si queremos seguirlo todo, excepto a la estrella hacia el pesebre?

Si el árbol que ponemos cada año en nuestra casa es símbolo de una nueva vida, ¿qué vida nos cabe esperar a nosotros, dolientes, en nuestra muerte diaria?

Hoy soy una refugiada y no hay ningún lugar al que pueda llamar hogar, en el cual sentirme lo suficientemente a gusto, o donde poner un árbol y esperar los regalos. De hecho, en unos días, no me quedará ni un lugar al que volver.

Metí a escondidas un árbol en Alepo oriental, como símbolo de la defensa de mi identidad frente a Daesh. El amigo que me ayudó es musulmán y hoy sufre los bombardeos; los amigos que me ayudaron a decorarlo son musulmanes, y hoy son víctimas del asedio y de las amenazas de ejecuciones sumarias.

Tengo un árbol de Navidad que consideraba un buen presagio en mitad de la destrucción… Hoy, como todo allí, en Siria, se ha convertido en un símbolo del cementerio.

Duele incluso que tenga la capacidad de mantener la esperanza y escribir mis deseos para el año que viene. Duele ver que el mayor de mis deseos navideños es “un éxodo forzado” de quienes creen en la justicia de su lucha. 

Quienes están en Alepo luchan por la libertad y la dignidad: son la “sal de la tierra”. Si se les asedia y asesina, ¿con qué salaremos?

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